miércoles 21/10/20

Del Curueño al Esla, con la fascinación de lo bello

Viajar estos días estivales con la pandemia de fondo y la mascarilla de indumentaria resulta bastante complejo y un poco engorroso. Pero hacerlo por la provincia de León y especialmente por su comarca de la montaña es otro tipo de pasatiempo animado y más llevadero por la belleza natural del entorno y por la clásica hospitalidad de sus gentes. Y en La Vecilla, inicio del recorrido afectivo cierto ambiente estival y veraneantes acogidos en la ribera del Curueño con una Era animada y control sanitario en la pradería con las distancias del personal perceptivas. Todo en su sitio y la juventud chapoteando en las pozas del cauce fluvial como en otro tiempo de veraneo eterno y amistad compartida.

La Vecilla sigue su caminar y por la plaza de la Iglesia y aledaños movimiento de paseantes y muchos porrones en los diferentes bares del pueblo,indicativo de que esta población de solera estival no quiere arrugarse ante una crisis que está pegando fuerte. En el camino hacia las Hoces del Curueño mucho vehículo forastero y gentes animosas enganchadas a la Cascada de Nocedo, un lugar de parada obligada por lo atrayente de este contorno de agua y vida.

Antes en Valdepiélago largas colas en el Zaguán de Colín. Comida de la zona bien elaborada donde priman las sopas de trucha,las ensaladas,el morcillo guisado y las carnes a la brasa, entre otras suculencias de tradición de la montaña. En esa espera, tiempo para visitar las singularidades de este pueblo, su puente románico y ese río campechano procedente de los altos de Vegarada que conforma raíz, historia y divertimento.

En Montuerto muchos moteros en el camping y algunos bañistas en su recoleta playa fluvial. Siguiendo hacia Nocedo sol radiante y paisaje abrupto con el bosque de ribera marcando su territorio forestal, y lo más llamativo para el viajero. Esas nubes musculosas pegadas a los perfiles de la cordillera que ofrecen un espectáculo de notable fotogenia. Siempre digo lo mismo. Las nubes bien definidas y algodonosas son únicas en esta zona del Curueño. Y bien podrían ser un escaparate para campañas eficientes de turismo local.

Al igual que están haciendo actualmente diversos emprendedores de La Vecilla para favorecer a su terruño con iniciativas prácticas para atraer visitantes a unos sitios que necesitan mucho de acciones económicas de enjundia. Y en esta mancomunidad hay base suficiente para alcanzar realidades turísticas de altura sin llegar a la panacea de que el turismo lo es todo. Es una ayuda fundamental para fijar población y trabajar a gusto en un medio de enorme potencial. Algunos hablan de recuperar el viejo balneario de Nocedo. Sería una idea genial para mantener la actividad laboral durante casi todo el año.

Y desde estos rincones del Curueño hasta los rodales del Esla atravesando la Vega de Boñar y su sosegado río Porma alcanzamos Cistierna, villa con estilo y reducto en otras épocas de un veraneo de postín. Peñacorada domina el valle y los pinares enganchados a la montaña dan vida a un paisaje verde y apuesto. En los locales públicos mucho parroquiano fervoroso del vermú dominical y en la confitería Montañés los Lazos de San Guillermo y las mantecadas se ofertan a la clientela como referencia repostera de la zona.

Y Cistierna siempre la recuerdo por su actividad cultural y por sus elaboraciones confiteras. No en balde cuenta con uno de los cines más antiguos de España y eso dice mucho. Mirba y Chus amigos de buenos encuentros lo apuntan con frecuencia. Y en su casa de Aguasolia, uno de los sitios más atractivos de esta población cercana al río Esla, ven pasar la vida y promocionan su territorio como pocos. Y en esa reunión afecta entre parlamento, libros y sentimiento, un arroz con bogavante elaborado por Chus, de los mejores que probé en mi vida. Hay mucho de entusiasmo y amor en ese preparado artesano. Y entre el Curueño y el Esla hay bastante de paisaje y mucho de hospitalidad. Y esto también es Turismo.

Del Curueño al Esla, con la fascinación de lo bello
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