sábado. 28.01.2023
El PP y el PSOE actúan a veces como si cada uno de ellos fuera la imagen de espejo del otro. Mientras los «populares» celebraban una convención el pasado fin de semana, los socialistas se reunían en una conferencia, y ambas ceremonias coincidían en el supuesto y mutuo afán de desdibujar al adversario. Aznar llegó incluso a desdibujar a sus delfines, laminados en cierto modo por el llamativo anuncio de que el presidente del Gobierno iba a cerrar la lista del PP en las elecciones municipales de Bilbao. Ante esa noticia se difuminaba también la reunión del PSOE, por la que desfilaron, como sobre una pasarela, sus diecinueve barones territoriales. Se trataba en ambos casos de exponer los esquemas de los respectivos programas electorales, y si el PP se proponía regresar al centro, o recuperar su borrosa imagen centrista, el PSOE caminaba más bien a su aire, el aire de Zapatero, suave brisa de aromas sociales, insuficientemente definidos. Aznar propugna una España fuerte, con instituciones fuertes, y Zapatero, tal vez desde una ambigüedad calculada, un desarrollo o avance autonómico enfocado a la profundización de los derechos sociales, para llegar a un socialismo de los ciudadanos. La imagen transmitida por la convención del PP sería la de un daguerrotipo, mientras que la conferencia del PSOE se expresaría muy bien en un dibujo naif, realizado con estudiada candidez. Esa candidez dejaba, sin embargo, un margen para la agresividad dialéctica contra los «populares», y ahí no escatimó Zapatero ni ironías ni sarcasmos, sobre todo al arremeter contra el intento de Aznar de regresar al centro, del que, según el líder socialista, está a mucha distancia. Por una coincidencia que el PP obviamente no buscaba, su convención se vio influida por la crisis «popular» en Galicia, debido a la cual se rindió a Fraga un fervoroso homenaje de adhesión y gratitud, con palabras apasionadamente elogiosas de Aznar hacia el líder gallego. Pero ni Fraga, en el último tramo de su amortización política, ni el mismo Aznar, con su tiempo ya contado al frente del Gobierno, son lo que en política se entiende por futuro. El futuro del PP se centraría en la incógnita de la sucesión, una incógnita que parecía el pasado fin de semana aún más indescifrable por la decoloración circunstancial de los delfines. Zapatero también se mueve sobre opiniones mayoritarias, y si Aznar siente en sus reformas del Código Penal un amplísimo respaldo ciudadano, el líder socialista sabe que su oposición a la guerra contra Irak tiene un apoyo social parecido.

Daguerrotipo y cuadro naif
Comentarios