sábado. 04.02.2023
SÉ QUE los tiempos han cambiado, que ahora la gente no va tanto al cine como cuando yo era pequeña, que había familias de El Crucero, por ejemplo, que iban todas las noches... No había televisión, o casi nadie la tenía, pero existía otro sentimiento de compañía que hacía que fuéramos juntos, en grandes grupos, a ver lo que nos ofrecía el séptimo arte. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, los cines de la capital han ido cerrando y ahora sólo hay multicines, que son lugares donde se come palomitas en semioscuridad mientras se bebe cocacola y en pantalla se ve una película con muchos efectos especiales y flojo guión. Por eso añoramos lugares como el Emperador, aunque mis preferencias estaban más cercanas al Azul o al Condado. Pero me pregunto si esa decadencia tiene algo que ver con el anquilosamiento de nuestra provincia. Ayer se daba a conocer el cierre del cine Velasco, el único que quedaba en Astorga y también que en Jiménez de Jamuz el frontón de tapial, que se utilizaba como salón de baile y teatro, perdió parte del tejado y amenaza ruina. En este último caso al Ayuntamiento jiminiego le ocurre como al de la capital, que pretende comprar el edificio pero no a cualquier precio. Otras localidades, como Valencia de Don Juan se han quedado también sin cine, no como edificio, que la coyantina dispone de uno nuevo que para sí quisieran muchas otras, sino de las sesiones de exhibición. Y eso es lo que no me cuadra, porque Coyanza es un pueblo en auge, con una cantidad de vecinos y de niños que rompe las estadísticas leonesas. Por eso creo que la decadencia es de amistad y de convivencia, que es lo que falta y por eso se cierran los cines.

¿Decadencia?
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