sábado 8/5/21

Deo gratias, Pablo

El 6 de agosto del pasado año, se nos fue en silencio Pablo Voces Bello, director que fue de la Escuela Taller de Ponferrada entre los años 1993 y 2002 y que en la actualidad ejercía su labor profesional en el Instituto Municipal de Formación y Empleo.

Si bien tenía 62 años cuando falleció víctima de una larga enfermedad, tuve la suerte de conocerle y tratarle en sus años mozos. Siempre descubrí en él, junto a una esmerada Formación Profesional con el grado de Maestría Industrial adquirido de joven en el Instituto Politécnico Virgen de la Encina, una inclinación y gusto por la literatura, la historia y las humanidades. Leía tanto novela hispanoamericana como sentía un gusto especial por lo artístico, los títulos nobiliarios eclesiásticos y la liturgia, en la que descubría siempre una especial belleza, herencia tal vez de sus años de dedicación al teatro. Y ello, a pesar de que no se sentía cristiano militante aunque sí mantenía un absoluto respeto por los sentimientos religiosos de los católicos. Todo un ejemplo de respeto mutuo que hoy se echa tanto en falta. En su formación de letras fue un hombre autodidacta y en lo espiritual mandaba en su corazón la cortesía y el respeto tanto para conmigo como hacia la Iglesia. Para ella realizó desde la Escuela Taller varios trabajos que guardaremos siempre en su memoria a través de los Libros de Fábrica donde los sacerdotes fijamos las obras que se realizan en los templos, quiénes las hacen y el costo de las mismas.

Sus amigos, el pasado 17 de febrero, han solicitado para él, como no podía ser de otra manera, que se imponga su nombre a Escuela Taller de Ponferrada

Recuerdo la autorización y construcción de cerca de diez y seis largos bancos, ocho artísticos apliques de forja y la restauración de una parte del coro de la Capilla del Carmen de Ponferrada, junto al Albergue de los Peregrinos.

Así mismo hizo o autorizó a que algún profesor o alumno suyo hiciera, algunas lámparas de forja con destino a las iglesias de Otero y de San Lorenzo mientras que en la Basílica de Ntra. Sra. de la Encina quedó impresa también su autorización de que se construyeran los marcos de madera y los enganches férreos de seguridad que los sujetan con destino a los quince grandes cuadros, que pertenecientes a la gran obra El Martirio de los Apóstoles, decoran interiormente los muros de dicho templo. También instaló en la fachada, solamente con destino al día de la fiesta, una plataforma de alambre recortada con destino a situar en ella en torno a la imagen de la Virgen de la puerta de la fachada las flores que los bercianos le traen el día de la Patrona.

Y seguro que se me olvidan muchos más detalles a la hora de escribir esta memoria apresurada y agradecida. Recuerdo con especial afecto el día en que mi compañero sacerdote D. Antonio Gómez, el Párroco de San Antonio de Ponferrada, por aquel entonces también encargado de la Parroquia del Acebo me preguntó afligido quién podría hacerle una llave clásica de 24 centímetros de larga que abriera la cerradura del siglo XVII que había en puerta de dicha iglesia. La respuesta fue rápida. Mira a ver si Pablo tiene tiempo. Y el buen sacerdote salió de apuros ya que sin contar con una muestra en la que fijarse, contemplando sólo el mecanismo de la llavera. Pablo lo hizo y el cura, corto en esas tecnologías, siempre consideró y agradeció como un milagro.

Estos pequeños detalles le habrán valido la sonrisa agradecida del buen Dios que es el que paga realmente estas cosas aunque a la historia pasará por su generosa bondad con los conocidos y su creativa inteligencia para los desconocidos que cada día admiran sus obras cuando deambulan por muchas plazas y glorietas de la ciudad. Especialmente por la estructura y simbólica escultura que soporta la Glicinia de la Casa de los Escudos, ejemplo de escultura orgánica en la que las lianas de la enredadera se confunden con las columnas de hierro retorcido que la mantiene. Al pasar todos los días del año a su vera me he dado cuenta que es uno de los objetos artísticos más fotografiados del casco antiguo, tanto por los turistas como por los peregrinos. De nuevo en estos días está florecida recordando el gesto agradecido de Pablo, que tanto la cuidó.

También sus amigos, el pasado 17 de febrero, han solicitado para él, como no podía ser de otra manera, que se imponga su nombre a Escuela Taller de Ponferrada.

Si es verdad que alguien dijo que la «imaginación al poder», otro dijo que el que cumple las bienaventuranzas, aun sin saberlo, será hijo de Dios y entrará en el Reino de los Cielos.

Deo gratias, Pablo
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