jueves. 02.02.2023

Puesto que nadie mejor que cada asalariado conoce cual ha sido la evolución de su nómina en los últimos seis años, no voy yo a descubrir aquí la devaluación salarial padecida desde entonces. Pero hay datos que no se pueden pasar por alto.

De entrada que, según la Agencia Tributaria, las rentas derivadas del trabajo han representado al final de 2013 el 31,4 del PIB de Castilla y León, casi 3,6 puntos menos que cuatro años antes. Pero lo peor no es el alcance global de dicho retroceso en su globalidad, sino la brecha salarial que se ha ido abriendo entre las clases privilegiadas -y no hablo ya de los ejecutivos del Ibex 35- y el resto de los trabajadores, entre los que a su vez habría que distinguir entre los que simplemente han perdido poder adquisitivo y los que sobreviven o malviven con sueldos situados en el umbral de la pobreza.

El segundo dato es que la nómina de más del 30 por ciento de los trabajadores de esta comunidad autónoma está por debajo del salario mínimo interprofesional, cifrado ahora en 648,5 euros (algo mas de 9.000 euros anuales). En 2008 ese porcentaje no llegaba al 25, lo que da idea de la creciente precarización laboral y salarial, origen de la creciente desigualdad social que han conllevado las recetas neoliberales aplicadas contra la crisis.

Y al tiempo que se resquebraja la cohesión social, lo hace, a sus distintos niveles, la cohesión territorial. El abanico de rentas salariales y tasas de paro es cada vez amplio según las comunidades autónomas y, en el caso de Castilla y León, también entre unas provincias y otras. Ávila y Zamora son las provincias que salen peor paradas en todos los parámetros. En ellas son más del 35 por ciento los trabajadores retribuidos por debajo del SMI, lo que sitúa su renta salarial media en el entorno de los 16.000 euros anuales, un 19 por ciento menos de la que registra Burgos, cifrada en 19.771, y un 17 menos que la de Valladolid (19.430). León, con 17.828, queda en una situación intermedia junto a Palencia, Salamanca y Soria.

Otro tanto puede decirse del desempleo, como ha vuelto a poner de manifiesto la EPA del pasado cuatrimestre, que ha dejado la tasa media de paro en esta comunidad en el 20,29%sobre la población activa. Mientras que en Zamora esa tasa se dispara al 26,62% y en Ávila al 25,33 —en ambos casos por encima de la media nacional del 23,70— en Valladolid es del 16,65 y en Burgos del 18,76.

Todo ello pone de relieve que, aparte de los efectos sociales de todos conocidos, la crisis ha ensanchado aún más los desequilibrios territoriales internos que ya padecía esta comunidad autónoma. Unos desequilibrios tan acusados que dieron lugar a un Plan de Convergencia Interior inexplicablemente abandonado cuando mas urgente y necesario era desplegarlo.

Descohesión sin remedio
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