jueves 28/1/21

Día Internacional Contra La Violencia Machista

«No olvidéis jamás que bastara una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos». (Simone de Beavoir).

Se han cumplido 25 años de la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Beijing, China y el mundo sigue siendo un lugar peligroso para ser mujer. A un cuarto de siglo desde Beijing, la violencia contra las mujeres y niñas persiste como una violación de los derechos humanos de gran escala en todo el mundo (matrimonio infantil, mutilación genital femenina, violaciones, venta de niñas y mujeres, maltrato físico, etc). Los factores estructurales que fomentan el abuso se mantienen, y el rápido avance de las tecnologías abre nuevos espacios donde las mujeres son objeto de amenazas, intimidación y acoso.

Los conflictos y crisis humanitarias, cada vez más complejas y prolongadas, hace a las mujeres y niñas más vulnerables: el aumento de los desplazamientos, la migración forzada, la pobreza y la inseguridad tienen un impacto desproporcionado para mujeres y niñas, debido a su mayor exposición al abuso y la violencia.

La humanidad ha vivido basada en arquetipos machistas amparados en imaginarios sociales que normalizan las violencias asignando la culpa a las víctimas y justificando a quienes la ejercen. Es preciso dejar de justificar actos violentos propios del machismo dominante; para la OMS la violencia basada en el género es una pandemia, niñas y mujeres son víctimas de violencias que buscan lapidar sus libertades.

Por ello, mujeres en el mundo entero, están alzando sus voces y rompiendo el silencio que ha protegido a quienes vienen ejerciendo violencia de género durante tanto tiempo.

En España la violencia machista ya está reconocida en nuestra legislación como un problema público, sin embargo esto todavía no ha transcendido ni ha modificado el imaginario social de toda la ciudadanía, «indicio extremo de la profundidad con la que el prejuicio de la inferioridad femenina está instalado en nuestra estructura social»(Marta Madruga Bajo «Feminismo e Ilustración), y por lo tanto sigue habiendo generaciones de mujeres que en su día a día, en su vida, en su cuerpo  siguen sufriendo la violencia machista más extrema.

Se cumplen tres años del pacto de estado contra la violencia machista y, considerándolo importante, no invita al optimismo si se tienen en cuenta los datos y especialmente la deriva patriarcal de algunas actuaciones policiales, resoluciones judiciales y declaraciones políticas

Todos los años la conmemoración del 25 de noviembre, Día Internacional Contra La Violencia Machista, supone una autentica crónica negra el computo de asesinatos, agresiones sexuales, violaciones, denuncias y sentencias por maltrato, etc, que sufren las mujeres por el hecho de serlo y a este año 2020 se le ha unido la pandemia del coronavirus que ha puesto de manifiesto la gravedad de vivir en una sociedad donde la desigualdad se ha manifestado de forma clara y rotunda: para muchas mujeres el peligro está dentro de sus hogares al verse confinadas con su agresor. Una pandemia nueva que se superpone a otra, también mundial, que llevamos soportando siglos y que emana de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres.

Las cifras de la violencia machista son dramáticas e incuestionables. En la  macroencuesta del Ministerio de Igualdad, publicada en septiembre de este año, refleja que el 57,3% de las mujeres del estado español (más de la mitad) han sufrido algún tipo de violencia por parte de los hombres a lo largo de sus vidas. Estas cifras  delatan la persistencia de una  violencia estructural  hacia las mujeres que compromete sus vidas. Además en la citada macroencuesta se vuelca que  el 92% de las mujeres que han sufrido violencia sexual fuera de la pareja no denunció  ninguna de estas agresiones. El  97.5% no denunció el acoso sexual  sufrido por parte de hombres.  El  78.3% de las mujeres que han sufrido violencia física, sexual, emocional tampoco han denunciado a sus agresores con los que mantenían o habían mantenido una relación afectiva. Los motivos para no hacerlo están relacionados con el propio machismo imperante: miedo a no ser creídas, eran menores cuando ocurrió, tenían miedo de su agresor, etc. Ese silencio pesa sobre una sociedad que no puede permitirse que la violencia sea una amenaza real para la mitad de la población. Pero especialmente lo que indica es donde se rompe la cadena de protección y por lo tanto donde es necesario incidir.

Se cumplen tres años del pacto de estado contra la violencia machista y, considerándolo importante, no invita al optimismo si se tienen en cuenta los datos y especialmente la deriva patriarcal de algunas actuaciones policiales, resoluciones judiciales y declaraciones políticas. Por ello seguimos exigiendo campañas de sensibilización y medidas que abarquen y transciendan a toda la acción política para construir modelos de relación que hagan posible una sociedad basada en la igualdad, en la no violencia y en el feminismo, exigimos los recursos pactados y mayor formación a todos los operadores que intervienen y que deben asegurar la protección a las víctimas.

Frente a aquellos que pretenden negar la violencia machista, hasta el extremo de exigir la eliminación de las estadísticas que la contabiliza, está la realidad del sufrimiento. Las agresiones generan daños físicos y psicológicos.  Una violencia que trasciende a las víctimas y hace aún más profunda la desigualdad. Ante este grave problema social pedimos responsabilidad y que se combata a quienes ponen en cuestión la violencia machista.

Solo se podrá erradicar esta pandemia, al igual que la del covid-19, con el compromiso del Estado en corresponsabilidad con la sociedad. La ministra de Igualdad ha anunciado el comienzo del proceso de elaboración de la nueva Estrategia Nacional para Combatir las Violencias Machistas (2021-2025), para poder garantizar el derecho de todas las mujeres a vivir una vida libre de violencias. Para eso serán imprescindibles unos presupuestos generales del estado con el aumento del 15% anual de la financiación de la Delegación del Gobierno Contra la Violencia de Género como figura en el Pacto de Estado. Si esto no se cumple, amparándose o justificándose en la crisis producida por el coronavirus, lo que si se cumplirá será la frase de Simone de Beauvoir y pondrá de manifiesto que los derechos de las mujeres nunca se dan por adquiridos.

Día Internacional Contra La Violencia Machista
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