miércoles. 30.11.2022

Ocurre casi siempre que los grandes, complicados, procesos se resumen en titulares con detalles miserables, lo cual es algo que debe, por lo visto, acompañar a la naturaleza humana en general y al ruedo ibérico muy en particular. Que nada menos que una embajada española en un país como Holanda prohíba la presentación allí de una novela porque su título coincide con una efeméride, la de 1714, que conmemora la Diada, no deja de ser un dislate; naturalmente, si la presentación, en el Instituto Cervantes de La Haya, a cargo de un autor que resulta ser independentista, se hubiese llevado a cabo, apenas se hubiese enterado el menos de medio centenar de personas que se preveía que asistiesen al acto. La censura ha logrado ocupar portadas de periódicos, y no solo, ay, en Barcelona y en el resto de España. Qué quiere usted que le diga: esta batalla de papel, que si Henry Kamen, que si Sánchez Piñol, en torno al verdadero significado, alcance y consecuencias, de lo que ocurrió en el asedio a la Ciudad Condal allá por los comienzos del siglo XVIII, me parece una sublime sandez. O darle protagonismo al ex entrenador del Barça porque pide el referéndum secesionista puede que venda algún periódico, que lo dudo; pero hay cosas más importantes, y eso sí que no lo podemos dudar.

Como hay cosas más importantes que abrir un debate acerca de si el presidente del Gobierno ‘compra’ seguidores falsos en Twitter o no lo hace -que, naturalmente, no lo hace-. Que el líder de la formación más emergente acuse a Rajoy de tratar, por esta vía tan poco deportiva, de mantenerse por encima de los‘followers de Pablo Iglesias, me sonroja como observador de la cosa política. De la misma manera que me causa un sentimiento entre la perplejidad y la risa la polémica que se está montando sobres si Esperanza Aguirre cometió delito o mera falta.

Días trepidantes
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