jueves 26/11/20
TRIBUNA

Diego Segura

El 22 de julio del pasado año, 2014, un señor abrazó a uno de los firmantes en huelga de hambre. A ambos se les saltaron las lágrimas. Aquel hombre que se acercó al huelguista tuvo que hacer un gran esfuerzo para ir, pero no podía faltar. Un chaval, al ver tan emocionada a aquella persona preguntó: ¿quién es ese señor que se emociona tanto?

Años atrás no hubiera hecho está pregunta. Todos los de la vieja guardia sabemos quien es Diego Segura y y es bueno que se sepa porque muchas cosas significativas que hoy existen se las debemos él. Fue un sherpa de nuevos caminos. Un joven que a medidos de los años 80 dejó su trabajo en una empresa internacional, renunció a su salario de ejecutivo y se instaló en un pueblo de León: Genicera. De origen melillense vivió en Catalunya hasta venir a León. Decidió vivir de una manera alternativa (otro-origen) y enseñar lo que fue prendiendo. Creó en aquel pueblo de la montaña leonesa un lugar de encuentro que se llamó Taller 7, un lugar de charlas, reuniones sobre algo desconocido en aquel entonces: el ecologismo y la no-violencia. Reflexiones sobre la dieta vegetariana, la relación del ser humano con la naturaleza, agricultura ecológica, arquitectura biodinámica, energías blandas, y demás. Fue un habitual en la revista Integral, cuando todas esas ideas fueron un embrión.

No sólo fomentó ideas, sino que impulsó nuevos espacios sociales. El año 1987, cuando los derribos de Riaño, convocó el encuentro de Rainbow en Genicera, un mítico festival multitudinario a nivel internacional, para atraer la atención máxima de la barbaridad que estaba sucediendo. Dos años después organizó el I Encuentro alternativo, para crear espacios de mercadillos que permitieran dar salida a los productos de artesanía y ecológicos. Quiso que tuvieran un contexto propio para que se supiera que son como consecuencia de una forma de vivir y resistir al industrialismo creciente y alienante. Hoy funcionan en toda España, siendo aquel su origen, cuando por aquel entonces no hubo nada y los productos artesanales no tuvieron nunca antes un cauce para su promoción y contacto con la sociedad.

A comienzo de los años 90 participó en las Jornadas Ecoculturales que organizaron Los Verdes. Se planteó el debate entre la acción social o la acción individual, promovió el pacifismo como herramienta de la lucha ecologista. En Taller 7 se hicieron cursos, reuniones, fiestas, experiencias sobre nuevas formas de relaciones humanas, de técnicas orientales para la relajación, de medicina naturista, el estudio del poder curativo de las plantas y un largo etcétera. Fue pionero y maestro de un nuevo mundo, no siempre comprendido por los vecinos del pueblo.

A medida que se fueron divulgando aquellas ideas, cuando se crearon grupos, partidos, colectivos en defensa del medio ambiente su labor impulsora pasó a ser divulgativa. Vio florecer muchos proyectos que sembró. Defendió que para cambiar las estructuras sociales hay que primero cambiar individualmente cada uno por dentro en un transformación interior.

Y al iniciarse el siglo XXI, como si quisiera hacer visible todo aquello que enseñó y por lo que había luchado, inicia su labor de escultor. Una obra que le hizo ser un referente es La ola colocada en la costa de Melilla, su ciudad natal, como homenaje a los inmigrantes. Diego no entiende el arte como algo abstracto, quimérico, sino enraizado profundamente a la realidad social.

Su arte lo va proyectar a la conciencia social. Algunas obras están muy relacionadas con León y con sus reivindicaciones, como la que realizó ante el llanto de Riaño: «De vacas a peces por estupideces». Un escultura impactante con un mensaje claro, cada año que pasa más. Diego participó, pasados los años, en las Jornadas para la recuperación del valle de Riaño. No acudió porque fuera una quimera, sino para reivindicar ¡¡¡dignidad!!!: considera que aquello que no sirvió para lo que se hizo y causó tanto daño a de volver a ser lo que fue. Podrá tardar, pero Riaño volverá a su ser porque esa vaca-pez nos hace vernos cada día que pasa más estúpidos como sociedad que lo consiente. Como escribe Mario Benedetti: «... cada vez más nosotros/ y menos el azar/ lento pero viene/ el futuro se acerca/ despacio, pero viene/ lento pero viene».

Hace casi una década haciendo gestiones el sindicato CGT logró que se pudiera hacer un monumento a Buenventura Durruti, anarquista de León, y al anarquismo en general y a la lucha por la libertad. Hizo falta un escultor. Sin pedir nada a cambio, porque admira al personaje, consideró que es un forma de dejar huella y hacer visible una lucha que es pasado, presente y futuro. La realizó Diego Segura. Ubicada en la plaza donde nació y pasó su infancia Durruti, Santa Ana. Con el nombre de «Hálito Durruti». Recuerda aquello que dijo: «llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, hay que luchar por él».

Con una polémica entre CNT y CGT el día que se inauguró el monumento emerge como algo único a nivel mundial que los leoneses ignoran: Es el único monumento que hay en todo el mundo a un anarquista. Su autor nos explicó dos significados, uno para los turistas: es la imagen de una flor, sus pétalos y pistilos, que quiere ser la flor de la libertad. Y otra manera de interpretar lo que es (se trata de una explicación confidencial) es que es la imagen de un pene que fecunda una vagina para engendrar la libertad, iluminada de un manera especial porque refleja el amanecer de una sociedad dormida. Crea tal efecto que parece que Diego Segura ha esculpid también la luz. Sin embargo lleva muchos años apagada sin que las instituciones vean nada. Pero sigue siendo un lugar de referencia de poetas, luchadores, peregrinos que vienen de todo el mundo a ver este monumento, que se juntan para hablar, recitar y soñar despiertos.

Como alguien dijo «todo autor está dentro de su obra». Sea nuestro reconocimiento y amistad a Diego Segura, con quien hemos compartido luchas, debatido, incluso con discusiones, empujado historias muy diversas, pero sobre todo con él hemos aprendido. Gracias Diego.

Diego Segura
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