jueves 26/11/20

El discurso político, la objetividad, eufemismos y el filibusterismo

1.- El discurso político en estos tiempos es fácil, basta «reparar» en las debilidades del contrario, «cocinarlas» en cada momento, eligiendo siempre la más adecuada, utilizar la hemeroteca que más nos interese aplicar, saber que lo importante es el impacto emotivo y que sabiendo buscar, cualquiera puede decir de un día para otro la verdad y lo contrario. Son retóricos, sin solidez teórica, utilizan medias verdades. Al enemigo ni agua. Por ejemplo: Ayuso pasa de ser la abanderada del Madrid abierto a pedir que nadie se vaya de puente. Si me das esto quiero lo otro y viceversa. Dialoguemos pero sin dialogo. En el discurso por tanto se puede utilizar la palabra, el lenguaje corporal, el contexto e incluso al mismo público para llevar su mensaje al lugar que él quiera de tal forma que según el tono, y la fuerza del mensaje provocan el rugido fácil de su público.

En esta técnica no excuso a ningún político, ni de derechas ni de izquierdas, aunque unos lo utilizan con más deseo de confrontación que otros y conviven más fácilmente con la crispación. Cualquier movimiento para poner en evidencia al contrario, es válido.

2.- Todo el discurso político como cualquier otra actividad, está presidido por la «subjetividad» que es la propiedad de lo que se dice, se lee o se escribe desde el punto de vista de quien lo escribe (el sujeto) y como tal dominado por sus intereses, incluso los ideológicos, al tiempo que puede apreciar otros puntos de vista, pero no admitirlos.

De entrada les diré que la objetividad absoluta o verdad absoluta no existe más que como hecho real. Es opinable y hay tantas verdades como sujetos.

Como dice Almudena Grandes es una quimera, y la propia escritura tiene que ver con tomar partido. Se puede ser más o menos objetivo, lo que no podemos decir ante un hecho es que es verdad «más o menos».

En la forma en que se cuentan los hechos en el discurso político, entran en juego la objetividad y la subjetividad con más o menos pasión y siempre con el deseo de causar desgaste en el contrario. Todas nuestras ideas y todos nuestros juicios están filtrados, condicionados por nuestra particular perspectiva, los adaptamos a nuestro deseo. ¿Alguien puede afirmar que al emitir un juicio no lo impulsa en parte con su propio criterio? ¿Qué no aporta parte de su forma de pensar? Nadie.

Ejemplo, hecho objetivo: En España hubo una guerra civil. Los escritos sobre nuestra guerra civil, narran un hecho real (un hecho objetivo) que es la propia guerra, pero de cómo la describe Rafael García Serrano (franquista) a como la describe Paul Preston (antifranquista) son la más clara muestra de la falta de objetividad en sus escritos y de cómo cada cual arrima el ascua a su sardina o sea su subjetividad. O por ejemplo la comparativa entre los escritos de Dionisio Ridruejo y los de Miguel Hernández que son como el agua y el aceite para escribir sobre un mismo hecho.

La objetividad que se intenta trasmitir tiene medida, es la objetividad-subjetiva. La objetividad absoluta no, esta no se puede medir.

Otra de las características del lenguaje usado por los políticos sobre todo en esta nuestra España, es la del uso frecuente del «eufemismo» que se utiliza en el lenguaje «políticamente correcto» y que no es sino la «manipulación del lenguaje», dándole la dirección que nos interesa

Por otra parte, se supone que para ser objetivo a la hora de expresar un juicio o describir un hecho, el sujeto debe intentar abandonar todo aquello que le es propio (ideas, creencias o preferencias) para alcanzar la universalidad, imposible de conseguir.

La literatura está plagada de grandes escritores de cuya objetividad no solo dudamos sino que reconocemos como absolutamente inexistente. La objetividad es un ideal, es como la felicidad, que conseguirla totalmente es imposible.

Pero es que además en el lenguaje, sobre todo el político observamos unas características especiales y un poder enorme para hacer llegar a los ciudadanos los mensajes que se desean, tanto en la forma como en el contenido. Toda manifestación política va cargada de subjetividad. La objetividad como hecho mismo en sí, ¿cómo sonará si lo dice Sánchez, o si lo dice Casado y cómo si lo dice Abascal? Pues aunque el hecho como tal sea el mismo, la declaración de cada líder político no se parecerá en nada, todo dependerá de querer o no colaborar a aclarar ese hecho.

3.- Otra de las características del lenguaje usado por los políticos sobre todo en esta nuestra España, es la del uso frecuente del «eufemismo» que se utiliza en el lenguaje «políticamente correcto» y que no es sino la «manipulación del lenguaje», dándole la dirección que nos interesa. Se utiliza el eufemismo para no pronunciar palabras malditas o palabras «mal vistas» que hacen referencia a realidades consideradas políticamente incorrectas.

El eufemismo por excelencia sería: «Indemnización en diferido/versus Finiquito»: El eufemismo de «más valor. Es el neologismo (palabra nueva en una lengua) más tragicómico y más parodiado de todos los escuchados en boca de un dirigente  político, en este caso, de la inefable Mª. D. de Cospedal (Doña Finiquito), que fue secretaria general del PP, y lo remata con él «a tiempo parcial». Es el eufemismo más trabajado de todos, por su capacidad de síntesis, que llevaría mucho tiempo realizar una expresión concreta de lo que quiso decir.

Otros como el de la señora Yáñez cuando decía que había «movilidad exterior» para referirse a la fuga de cerebros o de universitarios españoles hacia el extranjero.

Montoro manejaba muy bien esta forma de expresarse. Él hablaba de «flexibilizar el mercado laboral» cuando debería decir despidos o que estaba haciendo más barato los mismos. También dijo que la reforma fiscal era una «ponderación de los impuestos».

Zapatero llamó «desaceleración» a una crisis galopante.

Sánchez denomina «conquista de libertades» a la eutanasia.

Ayuso: «Madrid es España dentro de España». ¿Qué es Madrid si no es España?

Y ya sin acudir a los políticos decir que estaba «pasado de copas» cuando estaba borracho.

Por lo tanto para la construcción del discurso político no hay normas, se puede construir «a medida» (incluso hay tratados para ello), con la implicación subjetiva hasta el abuso de quien escriba y la utilización de eufemismos. Se puede ser brillante en la exposición, sin que se tenga ninguna o poca razón o se puede parecer poco o nada brillante. Todo está en función de a quien dirigimos nuestra proclama. Quien expone el tema, en cada momento sabe quien le está escuchando y tiene el éxito asegurado.

4.- «Filibusterismo parlamentario» .Toma su nombre de los piratas o bucaneros. Consiste en una técnica de obstrucción parlamentaria tendente a retrasar o bloquear actos legislativos.

Es la misma técnica que el PP está utilizando en demasía incluso para temas de interés nacional como en este caso, lo es la salud de los españoles.

En este momento en el que vivimos se hace necesario «pasar» de nuestros políticos y que una Comisión paralela de sabios independientes nos guíen. Que los políticos se dejen guiar, sin intentar aprovechar réditos políticos. Objetivo, la Salud. ¡¡Complicado!!

El discurso político, la objetividad, eufemismos y el filibusterismo
Comentarios