domingo 20/6/21
TRIBUNA

Doliente cabrera

Siempre agonizante, apéndice de un León que ahora nos duele. Tu eterno verde fundido a negro por la inconsciencia talibán de un pirómano incendiario. La belleza de tus valles, estériles de votos, nunca fue suficiente para librarte del olvido, pero siempre has sobrevivido, y la potente inercia de la vida te hará surgir de nuevo; ahora más que nunca necesitas de la implicación de todos.

Desde la administración ha de realizarse un esfuerzo económico que permita la aplicación de actuaciones que ayuden a proteger cuanto antes tus suelos, sólo la protección adecuada de estos traerá el verde de siempre de nuevo a tus laderas. Tus gentes, a través de los diferentes medios de comunicación y las redes sociales, han gritado ¡basta! Es la hora de que los políticos escuchen al pueblo, aprecien tus valores y los potencien, pero, sobre todo, los defiendan para evitar que acabes siendo exclusivamente una reserva de caza.

El fuego, elemento amigo desde las sociedades primitivas del Neolítico, ha proporcionado gusto a nuestro paladar y espacio a nuestros cultivos. Hoy, sin embargo, lo han vuelto contra nosotros, arrebatando naturaleza y vida. Cabrera, tu aire ha quedado enrarecido por el monóxido de carbono, el ozono, los aldehídos, los compuestos orgánicos (como el benceno o el tolueno) y los radicales libres, que entrañan un grave riesgo para la salud humana. Tus aguas, envenenadas y negras por las cenizas aún humeantes, llevan la muerte al Atlántico, un océano acostumbrado a las tragedias humanas. Sin vegetación la escorrentía aumenta, al disminuir la evaporación, y las propiedades del suelo cambian.

La tierra se compacta formando superficies endurecidas y cementadas que la vuelven impermeable, más frágil, en definitiva. El agua en Cabrera ya no se infiltra, secando las escasas fuentes y manantiales en un verano de atroz sequía. Mientras las recientes lluvias torrenciales proporcionan un aumento del volumen de agua en las cuencas, que supondrá una mayor erosión, contribuyendo de manera directa a modificar el patrón del relieve y su régimen hidrológico, marcando un claro contraste con sus cuencas vecinas y favoreciendo futuras crecidas, que serán cada vez más comunes y vigorosas durante los años venideros. Finalmente, tus suelos, frágil Cabrera, habrán perdido su capacidad regeneradora. Las últimas lluvias se han llevado tu aliento de esperanza en forma de manto de cenizas, semilla de la fertilidad perdida. El calor y la pérdida de humedad que han sufrido estos días acabaron con los microorganismos que esperaban latentes las primeras lluvias en los horizontes más superficiales. La alteración que el tiempo geológico ha proporcionado a las pizarras y cuarcitas, sobre las que se sustenta tu suelo, ha formado tierras arcillosas, almacén de elementos minerales perjudiciales para nuestra salud, como el arsénico, el mercurio o algunos componentes radioactivos.

Su estabilidad para formar agregados ahora se ve comprometida por el aumento de la acidez de tus suelos soltando estas sustancias a los acuíferos y ríos con las primeras lluvias. Tus fuertes relieves, con variaciones que superan los 600 m entre cumbres y valles, serán este invierno protagonistas. La ausencia de vegetación, capaz de retener el terreno, contribuirá a desencadenar desprendimientos y movimientos en masa en las laderas más escarpadas y con materiales geológicos inestables, como las de las localidades de Encinedo y Nogar, el puerto del Carbajal, etc., que pueden presentar un potencial riesgo para las infraestructuras y su población. Por eso, desde el Departamento de Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada de la Universidad de Cantabria queremos ofrecer nuestro apoyo, ayuda y colaboración para la elaboración de un plan de riesgo y susceptibilidad ante este tipo de riesgos geológicos en la zona afectada por el incendio. Contamos con uno de los mejores equipos europeos de investigación en deslizamientos y desprendimientos.

Mitigar los futuros problemas derivados del incendio y el desarrollo de planes de actuación para la protección y prevención de incendios forestales pasa por un plan efectivo de ordenación del territorio y un tratamiento respetuoso con el medio rural y natural de las comarcas leonesas. Las administraciones y los pueblos deben trabajar en común para proteger y explotar sus recursos de una manera eficiente y sensata. Sólo de este modo se evitarán catástrofes medioambientales como la sucedida en Cabrera, una pequeña comarca que, con más de 10.000 hectáreas calcinadas, ya mira al cielo en busca de un futuro más claro para sus pueblos.

Doliente cabrera
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