jueves 1/10/20

Educación y jurisprudencia, una colaboración necesaria

Si bien Freud habló poco de Educación, a la que consideró, junto con el Gobierno y el Psicoanálisis, como una de las misiones imposibles del hombre, sí manifestó, que en todo caso, se debía encontrar el justo equilibrio entre el Caribdis y Escila.

Hace muchos años, mi terapeuta, me contó un cuento, que mutatis mutandis, he contado a mis alumnos de 13/14 años, durante mi etapa como profesor, así como en cualquier otra circunstancia donde estas eran favorables, y dice así: « Hace años, cuando yo era un joven profesor, tenía como compañero de Historia, un profesor negro, pues era de Guinea Ecuatorial, cuando era española, así que era español y hablaba español. Estaba casado con una chica muy guapa, y de piel muy blanquita. Tenían un hijo muy guapo, y un poco morenito, al ser el padre negro y la madre blanca. Todos los días antes de ir a trabajar desayunaban juntos, los padres y Rubén, que así se llamaba el hijo. Los padre tomaban café con leche y pan con mermelada y Rubén, tomaba Cola Cao, con rebanadas de pan y mermelada, hasta que un día Rubén no quiso tomar Cola Cao, y tomo solamente el pan con mermelada. Los padres no le dieron importancia, pero este hecho se repitió unos días más. Los padres se extrañaron mucho y le preguntaron a Rubén a que se debía que no tomara Cola Cao, y Rubén callaba. Los padres insistieron con vehemencia exigiéndole una explicación a Rubén, y éste les dijo que no tomaba Cola Cao, porque se iba a poner negro, como en el anuncio del Cola Cao. Los padres entonces le explicaron que el color de la piel se debía a un pigmento llamado melanina, producido por las células de la piel. Y nada tenía que ver la alimentación, con el color de la piel. De esta forma Rubén aceptando dicha explicación, volvió a tomar Cola Cao en el desayuno».

Yo, continuaba: « Si tenéis una preocupación con un vecino, con un sacerdote, con un maestro, con un profesor, con un tío, con un primo, con el entrenador de fútbol, con un compañero mayor del instituto, ¡Contárselo a vuestros padres! ¡Contárselo!, ¡Contárselo!, les decía con vehemencia y la preocupación desaparecerá como le sucedió a Rubén, cuando se lo contó a sus padres.

Cuando era un niño de 8 años, estudiaba en los Escolapios de Barbastro ( Huesca), había un cura que cuando nos castigaba nos daba «reglazos», diez, (el simbolismo de la regla resulta evidente, representa el falo del cura), nos permitía permutar las manos, que nosotros poníamos boca arriba, a nosotros nos provocaba dolor, y a él, placer, placer sádico, como parte de su estructura anal-sádico. De todos es conocida la demoníaca frase : «Quien bien te quiere te hará llorar». En este punto hago referencia al trabajo de S. Freud Mas allá del principio del placer.

En el año 1964, estudiando en los Maristas de León en la clase de Latín, nos la daba un marista, al que llamábamos El Tomate, por el color de sus mejillas, cuando entraba en clase nos mandaba estudiar, y a continuación paseaba entre las filas de la clase, se paraba detrás de uno de sus alumnos favoritos y le metía la mano por debajo de la camisa, o le manoseaba los muslos, a continuación continuaba su paseo por la clase hasta el siguiente, repitiendo la operación, solamente actuaba sobre sus favoritos, dos o tres. Este hecho aquí relatado, puede ser ratificado por compañeros de clase que aún viven en León.

Los maestros y profesores deben conocer en cierto grado la Teoría Psicoanalítica, deben conocer ciertos fenómenos que suceden con alguna frecuencia en clase:

Una alumna se enamora del profesor, éste debe reconocer la situación y situarla en el campo del desplazamiento y transferencia de los afectos y deseos incestuosos, derivados de su complejo de Edipo, originariamente dirigidos a su padre y desplazados al profesor, como figura paterna. El mismo hecho es aplicable a las profesoras, siendo éstas unas figuras maternas.

La contención de las proyecciones de los alumnos, que de forma ambivalente colocan en el profesor, se sitúan en el mismo plano, unas veces son afectos de amor y otras de odio, (cordialidad, simpatía, rabia y agresividad).

En mi opinión es necesario que psicoanalistas, que no sean aficionados a la lucha de gallos a ser posible, realicen seminarios, de corta duración, dos tres sesiones, a los profesores, y maestros, donde además de hablar de los principios del psicoanálisis, puedan responder a las dudas que los docentes tengan en su práctica docente.

Ya, en Totem y Tabú, Sigmund Freud, al analizar el origen de la ley, formulando la hipótesis del parricidio cometido por la horda primitiva en la figura del jefe de la horda, motivado por el deseo de los hijos de poseer a las mujeres que pertenecían al padre. Este hecho, el del asesinato del padre, dio lugar al establecimiento de las normas que los hijos se impusieron para no repetir dicha acción y la prohibición del incesto, cuyo sólo su pensamiento nos horroriza. Freud escribió: «No sabemos de donde procede la fobia al incesto, ni que dirección debemos tomar».

Esta hipótesis dio lugar a interesantes aportaciones de distinguidos juristas a indagar sobre las implicaciones de los descubrimientos del Psicoanálisis y su incidencia en la práctica judicial, a este respecto el articulo de Rafael Delgado Campos titulado La aplicación de los principios psicoanalíticos en la jurisprudencia reciente de los tribunales española puede ser muy ilustrativa.

Por último quiero referirme a la contribución de Melanie Klein a este respecto. En el Volumen 1, de sus Obras Completas, titulado: Amor, Culpa y Reparación, (Ed. Paidos), aparecen dos trabajos titulados: Tendencias criminales en niños normales (1927, pag. 178) y Sobre la criminalidad (1934), pag. 263. Su lectura le sorprenderá, sin lugar a dudas.

Educación y jurisprudencia, una colaboración necesaria
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