viernes. 27.01.2023
Puede que no haya mayor problema en el mundo rural español que el de su persistente abandono desde hace más de un siglo, enfermedad crónica y degenerativa en muchas comarcas a pesar de todas las medidas adoptadas hasta ahora por las diferentes Administraciones, lo que nos obliga a reflexionar en sus causas y proponer posibles soluciones de mayor eficacia. La industrialización y la creciente calidad de vida generada en las nacientes grandes urbes desde el siglo pasado, unida a la reconstrucción de buena parte del país tras la guerra civil que absorbió y concentró en ellas la gran mayoría de los recursos económicos y humanos existentes, pudieran ser los orígenes de ese abandono masivo de casi todos los espacios rurales en nuestro país. Así, a las atractivas condiciones de vida en las ciudades que se iban configurando gracias a los avances tecnológicos y a la más fácil prestación de servicios comunitarios esenciales como los más básicos de luz y agua, hospitalarios, de educación y comunicaciones, etcétera, se iba contraponiendo el abandono total de los escasos y envejecidos habitantes rurales que quedaban, de absolutamente todas sus condiciones de vida, y, consiguientemente, el del espacio que habitaban. Sin duda alguna, el que no marchó en todo ese tiempo fue porque no pudo, fuese por su pobre economía o porque alguna circunstancia se lo impidió, pero no porque no quiso o lo deseó. Y es que cualquier persona sensata quiere lo mejor para los suyos y busca fijar su residencia en lugares en donde, a más de valorarse mejor su trabajo y realizarlo en mejores condiciones, encuentre el medio más idóneo para su desarrollo vital con la proximidad de los servicios más básicos de salad, educación y comunicaciones. Pero ya todos tenemos claro que las ciudades no son ninguna panacea -estrés, desempleo, carestía de vida, contaminación, ocio limitado-, y al darnos cuenta de ello hemos comprendido en toda su dimensión la importancia de recuperar a toda costa esa Naturaleza perdida, esos espacios abandonados y esas gentes sacrificadas en tantos pueblos olvidados; la auténtica calidad de vida puede estar también en ellos, y, de ahí el que surgiese una creciente «vocación» de regresar y habitar en ellos por parte de numerosos ciudadanos de todos los estratos de población. Niños, jóvenes, adultos y mayores son todos necesarios para conseguir sociedades complementarias y equilibradas, es decir, viables y con futuro. Y para conseguir atraer esas vocaciones y contar con sus activas tenemos que convencernos de que garantizarle:; algo tan elemental y vital como los mejores servicios sanitarios es elemental e imprescindible. Una persona, una pareja o una familia puede asumir posibles dificultades para su instalación en un pueblo, para encontrar trabajo en la zona o crear su propia empresa porque sabe que eso le va a suceder en cualquier otro lugar y su resolución depende en buena medida de sí misma; puede aceptar no contar con una calle asfaltada o sin luz pública en la puerta de su casa; no tener una cafetería o un cine a la vuelta de la esquina, usar coches de segunda mano, andar por carreteras secundarias en mal estado y con mil curvas peligrosas y no se cuantas cosas más; pero a buen seguro que no puede. ni debe, si es mínimamente sensata y responsable consigo misma y con los suyos, habitar lugares en donde sabe seguro que va a perder eso, seguridad, a falta de un hospital próximo, y perspectivas de futuro sin los adecuados centros educativos y comunicativos vía internet. Bien es verdad que hay zonas mejor situadas en este sentido, pero en nuestra comunidad y en esta provincia la mayoría de ellas se, encuentran escasa o deficientemente asistidas cuando no completamente abandonadas como la Cabrera, Maragatería, Cepeda etcétera. Y esto son cosas que, también por venir de muy atrás, no sólo resultan a estas alturas imprescindibles sino urgentes.

El abandono del mundo rural
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