martes. 31.01.2023

TAN CIERTO ES que Montserrat Nebrera, la diputada del PP en el Parlament Catalá, ha utilizado términos despreciativos al referirse a la manera de hablar de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, extendiendo ese desprecio a su acento, que no es otro que el andaluz, como que la citada ministra se expresa, en efecto, fatal. O dicho de otro modo: tan verdad es que Magdalena Alvarez habla de pena, construyendo pésimamente las oraciones, sin la claridad o la brillantez que podía esperarse de un ministro, como que Montserrat Nebrera habla todavía peor, y no tanto porque no acierte a expresar con las palabras adecuadas su pensamiento (no quiso decir, dice, lo que dijo), como porque acierta precisamente, esto es, porque dice lo que piensa, y lo que piensa y dice pertenece al infragénero del pensamiento vago, la descalificación espúrea, el insulto gratuito y la burla más rupestre.

A Montserrat Nebrera, que dice dedicarse a la política, y que desde luego cobra de ella, lo que debería importarle es lo que dice la infausta ministra, no cómo lo dice, pero, claro, es en esas formas que ella percibe como de pobre, como de ciudadana sin pedigrí, como de plebeya, donde Montserrat Nebrera encuentra, porque ella es muy clasista, muy pija y muy del PP, los mayores argumentos para atizar a la ministra que, aunque hablara como don Emilio Catelar y con acento aragonés, sería, lamentablemente, tan pésima gestora como, hablando horrísonamente pese a hacerlo en andaluz. Montserrat, que tacha a Magdalena de iletrada, exhibe su propia e inconmensurable ignorancia al confundir, porque su cultura no da para más, acento y prosodia, pero también su radical impostura al confundir la política con el chismorreo, que es, al parecer, a lo que de verdad se dedica.

El acento de Magdalena
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