viernes. 02.12.2022

Mañana es la fiesta de la Virgen de la Encina, patrona del Bierzo. En nuestra región existen, sobre todo, dos símbolos muy potentes. Uno de ellos, intemporal, es la Virgen cuya imagen se guarda en el camarín de la basílica ponferradina. El otro, y casi pido disculpas por hablar de una cuestión tan diferente y actual, es la Deportiva. Que hoy, por cierto, tiene un reto que antaño nos parecería quimérico: jugar nada menos que contra el Real Betis.

Bien, aparte de esos dos referentes, hay más. Unos son gastronómicos, otros están vinculados al camino de Santiago; otros a los monasterios del Bierzo, también a la minería, hoy tristemente perdida; y con esos mitos, verdades, memorias y emociones vamos pasando la vida los bercianos. Vivamos donde vivamos. Porque eso de ser berciano no se termina nunca, para bien. Y sin faltar a nadie, claro. Respetando a todo el mundo.

El Bierzo tiene poca extensión, pero su variedad es muy grande. Por eso podemos considerarlo una región. Pequeña, desde luego, pero también lo es la Rioja, y tiene estatuto de tal. Por poner un ejemplo nítido. Nadie diría que la Rioja es una comarca, o Cantabria. Y tanto la Rioja como Cantabria no nos doblan en extensión. Por ir a datos tangibles.

El Bierzo es una región que abarca diferentes comarcas. Muy pequeñas, pero cada una con personalidad propia. El Alto Bierzo otrora carbonífero y más cercano a los mundos fronterizos de Cepeda y Maragatería, tiene poco que ver con ese Bierzo occidental donde se habla gallego. Con el Bierzo que arranca, como mínimo, en Villafranca, aunque habría que escribir una enciclopedia si quisiéramos dilucidar si Villafranca queda dentro o fuera del valle del Valcarce a efectos «geopolíticos».

Al norte, las tierras del Alto Sil y no digamos Ancares y Fornela saben a Asturias y saben a Lugo, por así decirlo. Y tienen poco que ver con el corazón histórico del Bierzo, aquel que se expresa al sur, en Peñalba y Montes o en Molinaseca. Entre Villar de los Barrios y Candín media un mundo aunque solo estén a una hora en coche. Así lo ha demarcado la geografía, también la etnografía: las cosas complejas de los bercianos. Y por eso Toral y Toreno son muy diferentes, léxico aparte y hasta Fabero comparado con Cacabelos, y eso que comparten las riberas del Cúa.

El Bierzo es enorme en su brevedad. Inacabable de senderos, rutas, gentes y bosques. Es, además, una región de sueños y de soñadores, de escritores que escriben o no, pero que lo son de un modo y del otro. Y se dicen a sí mismos los versos, los cuentos, las cosas. Aunque no las escriban. El Bierzo es infinito y está abierto al mundo y por eso tiene futuro, aunque sea difícil. El Bierzo es un diálogo, un gozo, una melancolía, un misterio. Y ahí estamos los bercianos, ahí o donde sea, y ahí está el Bierzo, patria querida. Nunca lo entenderemos del todo y mejor así. Más eterno si cabe.

El Bierzo
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