lunes. 30.01.2023
FUE el eslogan del II Congreso de UCALE -Unión de Campesinos Autónomos Leoneses- clausurado ayer en el hotel Tryp de nuestra ciudad, al que asistieron dos centenares de delegados, quienes reeligieron como presidente para los próximos cuatro años a Gerardo García Machado y renovaron a la Ejecutiva aproximadamente en un 40%. Saben que soy hijo del campo y, quizá, por eso fui invitado a la segunda edición congresual. Acepté con sumo gusto, por decirlo con la fórmula de cortesía al uso. De forma sucinta reseñaré tres apartados: la absoluta paz orgánica, el liderazgo indiscutible de García Machado, quien anunció que éste sería el último mandato, y una notable presencia de mujeres, en su mayoría jóvenes. En el discurso de clausura quedó claro que el eslogan -el mismo que sirve de título a esta balconada- no es un interrogante casual. Es el reflejo y la preocupación de todo lo que gira en torno a los intereses campesinos. El futuro es una incógnita desmayada: despoblación, envejecimiento, escasa rentabilidad, alta tasa de endeudamiento, etc. García Machado rebobinó la memoria a los años 90, cuando la Comunidad Europea aprobó la Política Agraria Común (PAC), cuya finalidad era trasvasar fondos de los países más desarrollados hacia los últimos que se incorporaron, al objeto de equiparar su renta. Desde entonces hasta el 2004, que ya ha fagocitado a su primer mes, han llegado al sector más de 50.000 millones de euros -unos 9 billones de pesetas-. El dinero ha llegado, sí, pero su aplicación ha sido nefasta. En muchos casos ha servido pra comprar votosy publicitar que el campesino nadaba en la abundancia de las subvenciones. Cuando las subvenciones se aplicaron por superficie, hubo engaño, sembrando el girasol cuando había que recolectarlo. Después se aplicaron previa justificación con facturas de la producción por hectárea. Luego llegó la estafa del lino y en la actualidad priman el barbecho. O lo que es lo mismo: dejen las fincas de balde, no produzcan. Y, además, aplican las subvenciones por igual a jubilados, absentistas, aparceros, rentistas y demás especies. La utopía de que la tierra es para el que la trabaja es hoy más acusada que nunca. No priman a los que la trabajan, exigiendo la reinversión en maquinaria, nuevos regadíos, compra de fincas y nuevas tecnologías, con miras a abaratar costes y producir calidad y cantidad. No, qué va, en el salón del Tryp no se respiraba optimismo, sino preocupación y ganas de pelea. Hasta llegaron a calificar como de «auténtico disparate» la declaración de intenciones del consejero de Agricultura, José Valín, de fijar en el campo a 4.000 jóvenes en los próximos cuatro años. Creen que si permanecen los actuales sería un triunfo. La filosofía campesina actual podría sentetizarse así: el campo no necesita subsidios, sino una Política Agraria, así, con mayúsculas. Las interrogaciones del eslogan están sin despejarse.

¿El campo del siglo XXI?
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