viernes 27/5/22

Con los pinares que lo circundan ya crecidos, Camposagrado ha perdido su aspecto desolado de páramo pedregoso y estéril, sin plantío ni ganado, que espantó al ilustrado Jovellanos en su travesía, «pues sólo produce guijo». Este domingo celebra la rogativa que es su romería primaveral, propiciatoria de buenas cosechas. El santuario mariano vinculado por la tradición a los primeros tiempos de la Reconquista da personalidad a este espacio. Aunque el templo es una construcción del dieciséis muy modificada, conserva una imagen románica de la Virgen que fue utilizada durante siglos como tope de una puerta. La imagen de las procesiones es renacentista, lo mismo que los lienzos que adornan las puertas del camarín. Otros tres lienzos completan el retablo principal, mientras en los laterales destacan un pequeño calvario gótico de alabastro y una talla del Buen Pastor.

El santuario marca el límite entre los municipios de Carrocera y Rioseco de Tapia, circunstancia que dio origen a enconados litigios sobre a quién correspondía presidir la procesión o llevar el pendón. También participa en su administración Cuadros. A pesar de tan repartida feligresía, el pueblo más vinculado al santuario y a sus tradiciones sigue siendo Benllera. Una cofradía centenaria regula el calendario de rogativas y romerías. Pero lo que no han conseguido apagar ni el adorno de los pinos ni el casulario alborotado a un lado y otro de la carretera, es su brillo de lugar marcado por el misterio. La historia tradicional sitúa en Camposagrado un episodio de la Reconquista, en el que participa el astuto capitán Colinas, autor de la argucia de los pozos que llevan su nombre. Ahora se cuentan 13, pero Jovellanos menciona 24 «tazas o cráteres, que dudamos lo que fuesen».

Este domingo a las 11 partirá del santuario una visita guiada por David Gustavo López y Luis Arias, que también promueven su declaración como Bien de Interés Cultural. Según la tradición, fueron excavados en una noche por los soldados cristianos para esconderse en ellos y preparar una envolvente fatal a las distraídas tropas musulmanas. Como pago a tan eficaz ingenio, el capitán Colinas recibió el señorío de un valle cercano bautizado en recuerdo de la proeza. Tusinos es el nombre del paraje, situado en Cuevas de Viñayo, que resume la felicitación de Pelayo: «Tú sin nos los has vencido, y este será tu apellido». En cambio, los arqueólogos los interpretan como túmulos funerarios saqueados. Lo más urgente es proteger su entorno, para que no se repita el destrozo padecido por las construcciones megalíticas que arrasaron las brigadas forestales. Los pedazos de aquellos menhires fueron llevados al Portillo para servir de peana al Quijote meditabundo de Víctor de los Ríos.

El enigma de los pozos de Colinas
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