jueves 26/11/20

El león depredado

He leído la queja de Inés Prada, sobre los «arreglos» que está sufriendo San Marcos, uno de nuestros edificios más emblemáticos.

¿Era quizá demasiado para León un hotel de cinco estrellas lujo? ¿Podría atraer grandes eventos y personalidades, que dejarían de visitar otras ciudades que se busca potenciar?

Si esto es así, no hay mejor solución que empobrecer la construcción y dejarla sin sus salones de reuniones y la belleza de sus piezas de museo.

Por cierto, ¿Qué quiere decir eso de que «una comisión de expertos en arte y museos definirá qué obras de arte se quedan en León»?

Los objetos artísticos de San Marcos eran para adorno, lustre y magnificencia de un monumento leonés. ¿A dónde vamos a llevarlos ahora? Y otra preguntita. ¿A quién se ha consultado para el espolio? Tal vez a alguien con poder que lo haya autorizado. Eso lo ignoro. Pero, en ese caso, apoyo completamente la idea de Inés. Si nuestras autoridades no son capaces, por la razón que sea —que ellos sabrán—, de defender a la ya más que esquilmada capital del Reino, tal vez debamos ser las mujeres quienes lo hagamos.

El 8 de enero de 1475, la reina Isabel reprimía las ambiciones desmedidas del Concejo y de los próceres leoneses

Apelo a nuestra Reina Isabel I, que ya nos escuchó una vez: El 8 de enero de 1475, pocos días después de ser proclamada en Segovia, la reina doña Isabel reprimía las ambiciones desmedidas del Concejo y de los próceres leoneses, honrando a León con una expresiva carta, que se conserva en el archivo municipal. En ella decía: «[...] Por quanto por parte de vos el Concejo, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Caballeros, Escuderos, Oficiales e omes buenos de la noble cibdat de León me es fecha relación, que a esta cibdat estan entrados, et tomados por algunos caballeros et personas, et Concejos de su comarca algunos de sus términos et vasallos, et juredicciones, suplicándome a mi merced ploguiese de vos los mandar tornar, e restituir, et facer a cerca dello complimento de justicia; por ende yo por la presente vos seguro, et prometo por mi fe, et palabra Real, como Reina et Señora, que cada, et quando por vosotros fuere requerida luego sin impedimento alguno pudiendolo facer buenamente, vos faré restituir, et tomar los dichos vuestos términos, et vasallos, et juredicciones, que asi decides, que vos estan antrados et tomados, faciendovos sobre ello complimiento de justicia, et que para ello vos daré, et mandaré dar mis cartas, et provisiones, et todo favor, et ayuda que pidieres, et ovieredes menester, por firmeza de lo cual vos mandaré dar et di la presente firmada de mi nombre et sellada con mi sello [...]»

Puede que ahora también lo esté haciendo, pero su espacio y el nuestro están aislados y es imposible que puedan interactuar. Hemos de hacerlo solos. Los apáticos leoneses han de despertar, inquirir, enterarse e impedir que, una vez más, se lleven lo que nos corresponde. Probablemente lo harán igual, pero al menos nos quedará la dignidad de haberlo intentado, ya que no podemos quejarnos y esperar que venga a resolver nuestras cuitas la gran Isabel, que también va siendo hora de que le demos el valor que realmente tuvo, para poner las bases de nuestro Imperio —con perdón—, del que, sin saber muy bien por qué, nos avergonzamos, bajando la cabeza ante otros países, que tuvieron los suyos y que nunca admitieron, ni admiten, que se juzguen los métodos empleados para conquistarlos y mantenerlos.

Pero está visto que esa actitud de servilismo, sumisión y vasallaje se ha hecho con nosotros, los descendientes de aquellos que, con sacrificios, trabajos y dolores inmensos, llevaron nuestras fronteras más allá de Toledo y luego, unidos ya con el resto de Hispania, allende el océano.

¿Hasta dónde estamos dispuestos los leoneses del presente a permitir el espolio de nuestra ciudad?

El león depredado
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