jueves 9/12/21

Lo que conocemos como Historia, nos ha trasmitido que la vida en el planeta Tierra ha sido una sucesión de luchas:

—luchas en la Edad Antigua, en la Edad Media y en la llamada Edad Contemporánea,

—guerras religiosas (las cruzadas, invasores e invadidos, moros y cristianos, conquista, reconquista, fieles e infieles),

—guerras por el poder (Grecia y Persia, Alemania y el resto del mundo europeo, América del norte por la libertad, media España contra otra media, etc. etc.).

Con seguridad, a muchos nos ha invadido el sinsentido de estas luchas cuando, en nuestro curriculum escolar, sin otra opción, teníamos que estudiar Hª de España o Hª Universal y memorizar batallas y héroes guerreros, que nos resultaban lejanos en el tiempo y difíciles de entender. Ya adultos, pudimos hacer un análisis retrospectivo: Durante tanta confrontación, la ley de la lucha nos ha mostrado «el ojo por ojo» y «diente por diente». La repetición se mostraba como rueda implacable.

Llegó la Era de Acuario. «La ley de la lucha no tiene ya vigencia», se nos decía, pero todos veíamos, si éramos atentos observadores, que los debates televisados estaban regidos por la ley de la lucha y que las confrontaciones deportivas también arrastraban viejos códigos de lucha, solapados en el ambiente, como valores positivos. También en las llamadas democracias, a través de la pugna entre partidos se impregnó este código, que, como la mala hierba, aparecía y, justificado o disfrazado, pero, en cualquier caso, utilizado como arma de guerra. No digamos nada de la lucha por los mercados. En este campo, el presupuesto para publicidad, es utilizado como una partida imprescindible, hasta el punto que ya no captan clientes para un producto, sino que se crea la necesidad antes que el producto.

Esto puede darse porque estamos en un período de transición entre una era que cierra su ciclo y la nueva, que no se ha implantado. Todavía hay restos de dormidez e inconsciencia, que permiten una intervención manejada por publicidad e información manipuladora, al servicio de intereses involutivos. En pleno poder del imperio de Roma, con lo que conllevaba de esclavitud, sometimiento y tiranía hubo un acontecimiento histórico, extraordinario, único, fue el nacimiento y manifestación de la Luz y el Amor en la Tierra. Fue la encarnación, nacimiento y manifestación del amado Jesús. Así mismo, lo que brotó de sus semillas crísticas, está ahora, en plena expansión.

Con este nacimiento también nació la Era de Piscis, que acabó para empezar la Era de Acuario. Por aquí, por este amado planeta han pasado muchos barcos: íberos, celtas, vikingos, griegos, persas etc. Muchos trenes tiroteados en el oeste americano. Aviones bombardeando acá y allá y muchos trenes en la Segunda Guerra Mundial con muertos y agonizantes. En este tiempo está pasando el último tren. Lleva dolor y muerte, decepción de ver que aquello en lo que se confiaba, se desmorona. Es como ver que los pilares que sustentaba lo que yo creía un edificio seguro, se vienen abajo. Para algunas personas va a resultar difícil de asimilar.

Nos enfrentamos a una situación totalmente desconocida y de difícil comprensión. Nos reconforta el hecho de saber que, por estos cambios, cae todo lo viejo y finaliza la dualidad. Nuestra misión, ahora, es acoger el dolor, poner el hombro y acompañar a despertar conciencia.

La nueva edad dorada va a manifestarse y no volverá a verse lucha ni separación. Nuestros hermanos mayores, en unidad con la fuente creadora, nos asisten.

Siento profunda gratitud, por poder vivir en la materia, esta experiencia de cambio, que nos muestra la Vida, su fuerza, su flujo, su amor, su expansión… y como recobra sus derechos por mucho que traten de impedirlo.

Mi gratitud a la Fuente Creadora por colmarme con su Amor y mostrarme la Nueva Creación.

El último tren
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