martes. 07.02.2023

Vino Rajoy, Mariano, y aplicó su popular rumbo andarín por las calles de León, pasando desde donde vivió de niño hasta donde erró en Historia con todo el garbo que le permitió una apretada tribu de locales y vecinos de conveniencia dispuesta al aperruñamiento milimétrico con tal de no salirse de la foto. Llegó el presidente y salió esta vez del fondo de saco (el de la estación, al fin en proceso de apertura) para dejarse ver en su cronometrada humanidad en lo que vino a reparar, y en aquellas cosas que se hacen en León. Es decir, ir de vinos y comer, tras las loas al patrimonio histórico y artístico que nos adorna.

No estaría de más que a los leoneses nos adornara, además de la herencia del pasado, la perspicacia del futuro. Por lo menos listeza como para exprimir la rentabilidad del presente. Ni por esas. ¡Cuánto nos queda por espabilar!

Cuentan quienes se apretujaron en el encorsetado círculo que apechugó al presidente en su brevísimo chateo local que fue obsequiado con todos los honores (no podía ser menos) con vino de Ribera del Duero (como nadie podía imaginar).

Olé por este León de marketing, que apenas estrenada la capitalidad gastronómica y mientras cuelga por calles y fachadas los caireles promocionales comprometidos deja escapar una de las más altas ocasiones de promoción aquello de lo que presumimos y con lo que vamos a hacer fortuna desde ya. Ahí está nuestro boyante patrimonio vinícola, diverso y peleón (para nada en el sentido de barra de bar, sino de lucha y esfuerzo para ponerse en valor, incluso entre una parroquia de alterne local que no acaba de apostar por lo nuestro). Ahí está, postergado frente al mismísimo presidente del Gobierno. Que tuvo luego ocasión de conocer caldos de las dos grandes zonas vinícolas de la provincia.

No es una anécdota. Es la realidad leonesa misma, que tiene en la capitalidad un escaparate que difícilmente va a volver a encontrar. Ya tenían que estar los bares volcados con la parroquia (local y visitante) poniendo en valor lo mucho y bueno que hay en la provincia. Con retraso van las cartas cuyos vinos recomendados o de la casa todavía maceran fuera de la provincia. ¿Tan difícil es reconocer nuestras bondades? Si no ya por voluntad, conocimiento o vocación de defensa de los propio, que sería lo elogiable; al menos porque llegan regadas de dineros y estructuras organizadas.

Si este es el presente-futuro que nos espera, que Baco nos pille confesados.

Empezamos bien
Comentarios