martes. 29.11.2022

La petición trasladada por los representantes de los empresarios de León, Galicia y Asturias para entrevistarse con la ministra de Transporte, Raquel Sánchez, para mí es la iniciativa más cuerda que he escuchado en mucho tiempo respecto al problema de la España vaciada. Plantear que se necesita la declaración de zona prioritaria y optar a los fondos europeos, así como favorecer el corredor noroeste en el tráfico de mercancías es una pequeña chispa que deberíamos alimentar hasta producir la luz que necesitamos para solucionar este problema.

Estoy cansado de tópicos sobre volver a cultivar el campo o montar una granja, de escuchar propuestas y tertulias de quienes se quedaron con una imagen de lo rural propia de los años cincuenta. La misma época en que Miguel Delibes ya expuso la «España vaciándose» en una obra tan extraordinaria como El Camino, donde a Daniel, el Mochuelo, lo enviaba su padre a estudiar porque en el pueblo no tendría ningún futuro. Y resulta que algunos no cesan de animar a los jóvenes a «emprender» proyectos vitales propios de la autarquía y que obligó a sus padres a emigrar por no ser competitivos. Parece que aún no se han enterado de que la mecanización, por fortuna, permite que un puñado de personas con sus tractores desarrolle el trabajo que en su día ocupaba a toda una comarca. Tampoco se dan cuenta de que el ganado en extensivo no puede competir con la producción de carne estabulada y que se mantiene, y debe mantenerse, gracias a las ayudas europeas por sus incuestionables (siempre que se ejerza con responsabilidad) beneficios al medio ambiente. Aún conservamos algunos ganaderos (de vacuno, porque hoy en día es más fácil ver al oso que un rebaño de cabras), pero una sola persona para poder vivir de esta actividad gestiona los pastizales que en los cincuenta mantenía a cientos de familias.

Necesitamos de la industria y nos discriminan, cuando la única discriminación que deberían aplicar es la positiva

No quiero decir con esto que haya que darle la espalda al sector agroalimentario, sino que no se puede estafar las expectativas de muchos jóvenes con falacias porque eso genera mucho sufrimiento. La agricultura y la alimentación son apuestas de primer orden en zonas como el Bierzo, pero solo necesito tres palabras para señalar el camino, el ejemplo, la constancia, el saber hacer, el saber vender… en definitiva el sentirse orgulloso de lo nuestro y ponerlo en valor: Prada a Tope. Hay varias bodegas y otros proyectos tratando de abrirse camino. Ellos son los verdaderos profesionales, los emprendedores que generarán tejido productivo y deberíamos saber cómo crear las condiciones para facilitárselo y no ahogarlos en una absurda burocracia. Por ello les digo a nuestros políticos: ¡Cállense y escuchen!

Decía que los empresarios del noroeste han provocado una chispa, que o alimentamos entre todos hasta ver la luz o se extinguirá. Exigen conocer con exactitud el destino del dinero público que se va a invertir en las infraestructuras para el transporte y denuncian que se prioriza el corredor mediterráneo y las áreas industrialmente más pujantes de nuestro país: Barcelona, Valencia, Madrid, Valladolid, Sevilla, Vitoria, Zaragoza… Tal vez sea una forma suave de denunciar la discriminación a la que estamos sometidos. Mientras se siguen favoreciendo las ventajas competitivas en otras regiones más ricas, aquí soportamos una España vaciada, la de los pueblos que en su día señaló Delibes, y una nueva España vaciándose, la de las pequeñas ciudades como Ponferrada o León. ¡Indignante!

Necesitamos de la industria y nos discriminan, cuando la única discriminación que deberían aplicar es la positiva. Aquí no se acumulan las mayores rentas per cápita ni los centros de decisión, carecemos de poder económico y carecemos de representatividad democrática. Aunque juguemos a los particularismos y concentremos el voto en partidos locales, nunca llegaremos a socios de gobierno y muy difícilmente a lograr escaños decisivos. No tenemos como romper esta espiral en la que, según los empresarios del noroeste, se beneficia a las ya de por sí zonas industriales más pujantes que son, a su vez, donde se concentra el voto que sostiene a los gobiernos de turno. Por ello, necesitamos una discriminación positiva que permita que las zonas vaciadas y vaciándose resulten tan competitivas como las de aquellas regiones con buenas infraestructuras de transporte entre otras ventajas. Esta discriminación positiva, bien aplicada, beneficiaria al conjunto del Estado, porque el problema de la despoblación no es sino un efecto secundario de otro problema: ciudades congestionadas donde, entre otros inconvenientes, para disponer de una vivienda, o a una simple habitación, hay que dedicar hasta catorce horas diarias entre el trabajo y el tiempo para acudir al mismo.

Apostemos por una visión más general y menos dominada por los distintos particularismos para hacer una Nación más habitable y más solidaria.

Empresarios del noroeste y la discriminación
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