domingo 24/10/21

El enfermo alcohólico en la pandemia

Llama la atención que la enfermedad alcohólica y el covid, aunque por etiología bien distinta, han estado ofreciendo cifras de fallecidos a nivel mundial muy parejas. De hecho, en el año 2020 los fallecidos por alcoholismo fueron setecientos mil más que por covid, y actualmente las últimas cifras de fallecidos, también a nivel mundial, arrojan una diferencia de 3 décimas.

Pienso que estas aparentes coincidencias no son casuales, y esa convergencia de datos, según observaciones constatadas en un buen número de publicaciones a nivel nacional e internacional, puede estar causada por las medidas que se adoptaron para hacer frente a la conocida pandemia, que interfirieron directamente y de forma negativa en la evolución de la enfermedad alcohólica incrementando la mala evolución, empeorando su pronóstico y favoreciendo el incremento de fallecimientos, además de facilitar, a su vez, un mayor contagio por covid en dichos enfermos alcohólicos.

En ese sentido, cabe indicar que los confinamientos, junto a los aislamientos, no selectivos y generalizados, favorecieron en gran medida que en el enfermo alcohólico sufriera una situación gravemente adversa que le llevó de forma rápida a la pérdida del soporte social, que es especialmente importante en él, e incrementó la carga de su ya elevado índice de stress básico que padecen, propiciando un mayor descontrol y acentuación de la bebida. Agravar el stress en estos enfermos alcohólicos tiene, a su vez, otro efecto deletéreo en ellos, y es que, como es bien conocido, potencia el déficit inmunológico, con lo que se incrementa la posibilidad de adquirir infecciones, entre ellas el covid.

Nos tiene que hacer mejorar corregir errores cometidos, entre los que se encuentra el no haber asistido adecuadamente a muchos enfermos crónicos como es el caso del los enfermos alcohólicos

Las medidas adoptadas de confinamientos y aislamientos no selectivos también facilitaron en los enfermos de alcoholismo un riesgo significativamente mayor de trastornos psicóticos, junto a alteraciones por el consumo de otras sustancias tóxicas de drogadicción, con secuelas psiquiátricas acentuadas por el descontrol y prolongadas durante largo tiempo, que incide de forma cada vez más negativa en su evolución.

Todos esos condicionantes impuestos en la pandemia hicieron que se retrasaran largo tiempo las consultas programadas, e incluso se anularan, en los enfermos alcohólicos, lo que ha supuesto un incremento en las alteraciones añadidas a su precaria estabilidad, con un aumento del deterioro orgánico y psicológico, que sin duda ha elevado anticipadamente el número de fallecimientos a través de la irremediable acentuación de descompensaciones orgánicas (hepatitis alcohólica, cirrosis, pancratitis, y un largo etc), y psíquicas-psiquiátricas (acentuación de estados depresivos, crisis de ansiedad y, ciertamente, mayor número de suicidios).

Tampoco a estos pacientes se les puede conducir adecuadamente a través de la llamada consulta médica telemática, porque junto a la ausencia de la exploración, que es de necesidad fundamental y básica en el acto médico, dificulta la anamnesis cabalmente correcta.

Pienso que esta experiencia a la que nos ha llevado la pandemia nos tiene que hacer reconocer, mejorar y afianzar aciertos que indudablemente se han tenido, pero también corregir errores cometidos, entre los que se encuentra el no haber asistido adecuadamente a muchos enfermos crónicos que siempre presentan una innegable gravedad potencial, como es el caso del los enfermos alcohólicos, que con frecuencia mantienen altos índices de morbi-mortalidad, que se han agravado de forma drástica con disposiciones del tipo de confinamientos y asilamientos generalizados y no selectivos, junto al excesivo retraso añadido, o incluso la ausencia, de las imprescindibles consultas programadas. En contraste, sin embargo, produce gran perplejidad que ciertas consultas no fueron suprimidas, ni retrasadas, en algunos temas sanitarios a los que se les tituló, con muy dudoso criterio médico, de «necesidad primaria» y con atención abierta permanente.

El enfermo alcohólico en la pandemia
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