jueves 15/4/21
CUERPO A TIERRA

Entre la flor y el pájaro

A la alternancia entre socialistas y populares cada dos legislaturas se le llamó bipartidismo, que era como una recurrencia celeste: «qué día llega la flor y cuándo emigra el pájaro», que escribió el poeta inglés Philip Larkin sin pensar ni remotamente en rosas y gaviotas hispanas. Todo se había vuelto tan previsible como las estaciones y las fiestas de guardar, como los efectos de un primer beso sobre el corazón tierno de un adolescente. Con estas últimas elecciones, que quizá pronto sean las penúltimas, lo que de verdad se ha cortado de raíz es ese plazo de ocho años de confianza que, como si de una cortesía se tratase, otorgábamos a nuestros gobernantes a partir de Felipe González. Era, al parecer, el tiempo justo para que el desencanto se convirtiera en voto de castigo.

En el segundo mandato, hemos comprobado que nuestros presidentes fracasan porque se distancian del pueblo, dejan de ver la realidad y se concentran en la consecución de ideales, en hitos por los que llegar a ser recordados. Aunque en algunas ocasiones fuera por la puerta de atrás, la cosa era entrar en la historia. Podríamos decir que el primer mandato es el de la ilusión, el segundo el de la experiencia, pero Rajoy ha tenido un gobierno sin ideales porque le tocó bregar con la crisis —que es una sobredosis de realidad— y porque ya venía con la experiencia del poder aprendida en demasiados ministerios. Si alcanza a tener una segunda oportunidad a base de acuerdos, será una legislatura de escarmiento para él.

Los resultados del 20 de diciembre quizá no sean tanto el fin del bipartidismo como del absolutismo de las mayorías monocromáticas, que ha sido bicolor más que nada por falta de paleta o alternativas creíbles hasta ahora, aunque esto uno tampoco lo acaba de ver todavía claro del todo, ya que las urnas, a la vez que mermaban mayorías, han repartido las minorías en plan pedrea y no se avista nadie entre los partidos detergentes capaz de tomar el timón ahora mismo. Tenemos más actores de reparto pero ningún protagonista indiscutible. Hablando en escaños, los pobres son menos pobres y los ricos menos ricos, que a mí no me pinta mal como idea extraparlamentaria. Por mucho que continúen enrocados, esperemos que los políticos no piensen que las urnas piden un país desgobernado.

Entre la flor y el pájaro
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