viernes. 30.09.2022

Un plan siniestro es impulsado por nuestro Gobierno. Está imponiendo un modelo energético de catástrofe para el futuro de España. Renuncia a todas las tendencias europeas en cuanto a fuente de energía eficientes (gas, nuclear, carbón) y condena al país a la precariedad, escasez y carestía, presentes y futuras, con un absurdo Plan Eólico y Fotovoltaico.

Apuesta por energías impredecibles y sin fiabilidad: ya se sabe que de noche la Solar Fotovoltaica produce «cero» y con nubes pude quedarse en el 5% de la potencia instalada. Y la eólica solo produce cuando el viento es ideal: con mucho, no, y con poco, tampoco. Ello nos obliga a comprar electricidad del exterior, habitualmente de Francia, costándonos carísima. Nos convierte en dependientes de la voluntad de terceros países. Y nos aboca a la segura escasez y al racionamiento.

La condena a la industria está asegurada por la incertidumbre y la carestía del suministro eléctrico, que provocará una agotadora falta de competitividad. Y la población se ve conducida a un empobrecimiento continuo, gota a gota, mes a mes, con tarifas brutales y una consecuente subida constante de precios y costos: desgastará a la clase trabajadora y a la clase media, anulando su capacidad de ahorro y garantizando su eliminación. Es un Plan traicionero, ensayado ya con desgraciado éxito en Venezuela y Argentina y ahora aplicado aquí por los agentes chavistas del gobierno de España conocidos por todos.

Este Plan Eólico y Solar sólo es posible si se entregan a las Eléctricas subvenciones de escándalo y se les garantiza un beneficio económico produzcan poco o mucho, lo que es también escandaloso. Tal saqueo de dinero público y privado se comprende con la imposición de ideologías foráneas y con el impresentable fenómeno de las Puertas Giratorias.

De paso, a sabiendas, van a destruir los mejores ecosistemas, los mejor conservados, arruinando el presente y el futuro de todas esas poblaciones rurales, las que llaman con desprecio «Territorios de Sacrificio». A la vez, se ven usurpadas inmensas superficies comunales a cambio de un mísero alquiler. Pasan a pleno dominio de las empresas eléctricas, que pueden condicionar cualquier uso de ahora en adelante, incluso el acceso, o la explotación de recursos, como pueden ser las canteras.

«El momento de los alcaldes». También se oculta el inmediato empobrecimiento de los habitantes de esas comarcas rurales: toda propiedad, incluso viviendas, perderán drásticamente su valor hasta llegar a no tener ninguno. Nadie quiere propiedades rodeadas de eólicos, nadie quiere vivir allí. Naturalmente, no se crean puesto de trabajo locales, ya que la construcción se realiza con empresas especializadas- al igual que el mantenimiento- y la explotación se realiza a distancia, desde centros de comando que pueden estar en cualquier lejana ciudad. La pérdida de habitantes es segura y la triste despoblación total ocurrirá en breve plazo.

La condena a la industria está asegurada por la incertidumbre y la carestía del suministro eléctrico, que provocará una agotadora falta de competitividad. Y la población se ve conducida a un empobrecimiento continuo, gota a gota, mes a mes, con tarifas brutales y una subida constante de precios y costos

El rural está envejecido y débil. Lo saben. Hay poca gente. Lo saben bien. Hay pocas personas con coraje y fortaleza para oponerse y la situación laboral de algunos es precaria. Todo juega a favor de los mercenarios siniestros de las eólicas. Tienen la técnica muy depurada para comprar voluntades, ofreciendo dineros e incluso promesas de jornales en la fase de construcción. Explican a las Juntas Vecinales cómo mejorarían sus finanzas con ese dinero extra y esconden que están condenando a muerte a los pueblos y haciéndose dueños de sus territorios. Consideran fácil engañar a la gente.

También a su favor está la complicidad de los grandes partidos. Desde el Gobierno de PSOE y Podemos lanzan este Plan terrible, amoldan las leyes para facilitar su implantación, quitan cautelas ambientales y gestionan los parques de más de 50 Mw. El PP parece sentirse satisfecho con gestionar los parques de menos de 50 Mw; calla y ayuda. Esperan, quizás, sus cuotas de Puertas Giratorias y otras compensaciones por su colaboración. De Vox nada se sabe y ese silencio los delata. Así, es fácil que las cúpulas de los partidos fuercen la actitud de Alcaldes y pedáneos afines para que sean permisivos con las eléctricas.

A la par, desde los partidos más combativos de izquierda se amordaza a las grandes ongs Ecologistas, que observan calladas con indignidad como se quiere arrasar con parques eólicos lo más puro y valioso de nuestras sierras y como se destroza la Red Natura. Y, también, como se condenan inmensas superficies al riego permanente con mortales herbicidas para dedicarlos a fotovoltaicos. La Cabrera, El Bierzo, O Courel, Los Ancares y tantos otros están sentenciados. A la vez, tales partidos «domestican» la actitud de los grupos de descontento locales, los van frenando, los conducen a protestas light e irrelevantes. Evitan toda manifestación y acaban neutralizándolos, venciéndolos. La izquierda y sus sindicatos, cómplices, reniegan de su capacidad de movilización. Las gentes de los pueblos están solas.

Pero es el momento de la valentía y del liderazgo para combatir esta catástrofe, para oponerse y decir ‘no eólicos, aquí no’. El último recurso de los pueblos es el compromiso sincero de sus dirigentes locales. Alcaldes y Pedáneos fueron elegidos para proteger y mejorar a sus pueblos y conducirlos a un buen futuro. No pueden ahora fallarles y engañar a su gente. Por encima de todas las ofertas, imposiciones y disciplinas de partidos está el deber íntimo con sus vecinos y con sus familias. Los conocen a todos, les han votado y les han investido, depositando en ellos toda la confianza. No pueden traicionarles. La vida o la muerte de las comarcas está en juego. Por las generaciones presentes y futuras, es el momento del ‘¡no! salvador. Es el momento del coraje y la honradez.

Eólicos: el momento de los alcaldes
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