martes 18/1/22

Cuando Pablo Casado dijo que «España está en quiebra» decía la verdad. Verbalizaba encontrarnos con un gasto público sin precedentes, un déficit imparable y una deuda pública desbocada con sus graves problemas de financiación a futuro, caso de no parar su crecimiento y de no adoptar medidas reductoras del mismo, lo que, sin duda y en consecuencia, generará grandes desequilibrios económicos —de rentas y ahorro—, laborales —de contratación y paro—, sociales —conflictos y manifestaciones—, y personales —incertidumbres y frustraciones—, así como de múltiples agujeros presupuestarios. En suma, una gran temeridad política del Gobierno sanchista advertida por diversos organismos nacionales e internacionales (Banco de España, FMI, OCDE), cuyas predicciones económicas coinciden en que España será entre los países desarrollados el que más tardará en recuperar los niveles previos a la pandemia y que se resume técnicamente en un cuadro macroeconómico cercano al desastre total.

Para contrarrestar lo dicho por Casado, Pedro Sánchez replicó asegurando que «España va mejor». «El Gobierno necesitaba un empujoncito para mejorar España y parece ser que la pandemia se lo ha dado. Así lo dijo Sánchez y solo le faltó dar a los fallecidos las gracias por palmarla. Por España y por su presidente» (F. Caballero). Sin embargo, la pregunta que muchos se hacen es: ¿en qué va mejor España? «Cualquier mínimo análisis evidencia el carácter falsario del eslogan. Si nos centramos en el ámbito económico, los datos descalifican integralmente el mensaje publicitario del presidente del Gobierno… La realidad es la que es y no la que se nos quiere hacer creer. Pero, a diferencia de lo que sucede en otros ámbitos, debe ser consciente Sánchez que la mentira en las cuestiones de dinero tiene un recorrido muy corto, porque la verdad de la situación económica es percibida diariamente en sus propias carnes por las familias y las empresas» (I. Ruiz-Jarabo). «Se anuncia la llegada de una tromba de nubarrones que va a dejar para el arrastre el mustio y hasta famélico panorama económico nacional» (J.A. Vara).

No es cierto que España vaya mejor; como tampoco lo es que a los españoles les vaya mejor. En cambio, sí es cierto que a los Sánchez Gómez les va mejor, así como a los sanchistas y a las gomistas

No es cierto que España vaya mejor; como tampoco lo es que a los españoles les vaya mejor. En cambio, sí es cierto que a los Sánchez Gómez les va mejor, así como a los sanchistas y a las gomistas. La situación en clave económica es cada día peor: subida de los precios de la alimentación; subida de la electricidad, del gas y de los carburantes; subida de los peajes de las autopistas; subida de los impuestos; subida de la inflación; subida del IRPF; aumento en las cuotas de los autónomos; incremento de los asesores, comisionistas y pesebristas; incremento de los trabajadores públicos; incremento de los liberados sindicales; cierre de negocios; disolución de empresas; caída de la inversión extranjera; caída del PIB; caída del ahorro familiar; incremento de comisiones bancarias y encarecimiento del crédito, etc. La depauperación de una sociedad comienza por el empobrecimiento de sus ciudadanos. Solamente se salvan los ricos, los Sánchez Gómez, los amigos del Ibex, los sanchistas y los pesebristas; quienes viven a gastos pagados y los que tienen sustanciosas cuentas corrientes y envidiables planes de pensiones. No es, pues, extraño que algunos hayan multiplicado por 100 el saldo de sus fondos bancarios. Un desesperado Tudanca lo ha llamado «conciliar el crecimiento económico y la justicia social». ‘España va mejor’, para ellos, los sociatas, cuyo futuro no depende del exceso de deuda acumulada en las cuentas públicas que, sin embargo, sí comprometen el futuro de las nuevas generaciones. «El futuro de una sociedad depende de su valor y de su inteligencia para enfrentarse a la realidad tal cual es» (F. Portero).

«Cuando en economía alguien lucha contra el exceso de deuda porque cree que esta circunstancia está hipotecando el futuro de los que vendrán después, en lugar de alabanzas, son objeto de todo tipo de reproches y ataques. Hay una gran contradicción porque es fácil entender que, si nuestra generación consume todo el petróleo, acaba con todas las ballenas o llena de basura radiactiva los mares, perjudicaremos a los que vengan después. Sin embargo, es difícil para muchos comprender que si vamos consumiendo en la actualidad los ingresos que se obtendrán dentro de unos años (la deuda no es más que eso, traer dinero del futuro), también fastidiaremos a nuestros descendientes… Por eso yo acuso de insolidarios a los que creen que no hay que reducir la deuda. Acuso a este Gobierno… de que sigue aumentando la deuda pública porque no es capaz… de gastar menos de lo que ingresa… Ser solidario es intentar dejar un mundo mejor al que venga detrás y eso implica que las deudas, sean ecológicas o económicas, deben saldarse cuanto antes… Como cualquiera que ya ha acabado de pagar su hipoteca sabe muy bien que no tener deudas implica más libertad y, sin embargo, como me temo también sabe mucha gente, aumentarlas teniendo que pedir una ampliación del crédito porque los ingresos familiares son más reducidos que los gastos, implica tener que aceptar las condiciones que ponga el banco. Yo quiero que dejemos de ser esclavos de la deuda, y romper esas cadenas para nuestros descendientes» (P. P. Valero).

Desde que Pedro Sánchez asaltó los cielos, «España no ha dejado de deslizarse por la pendiente inacabable, inabarcable, de una decadencia que parece no tener fin» (J. Cacho). Las clases medias están en vía de extinción, solo quedarán ricos y pobres.

España, de mal en peor
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