domingo. 26.06.2022

El sentimiento independentista es muy fuerte en Cataluña. No mayoritario en términos absolutos y puede que ahora levemente decreciente. Pero sin duda potente. Mucho más que en lo tiempos de la dictadura y desde luego que en el momento en que la democracia y la Constitución de las libertades, que votaron con el mayor entusiasmo, le supuso en su caso y además el autogobierno y un reconocimiento a sus señas de identidad, a sus hechos diferenciales como no habían tenido jamás en su historia. Porque la realidad histórica es esa: nunca ha existido en aquel territorio un mayor grado de autonomía y unas competencias propias tan impresionantes y sin parangón en toda Europa. Es pues una inmensa mentira que esta España actual y democrática haya oprimido en nada a Cataluña cuando lo que ha hecho ha sido exactamente lo contrario.

No es lo que escribo lo prudente y lo racional y es indudable que es ahí donde hay que estar y huir de provocaciones y estallidos. Pero el riesgo es cada vez mayor. Y no contribuye en nada a calmarlo la monserga repetida que ahora vuelve a hacer suya Zpedro. Que en el fondo la culpa de que haya separatismo galopante viene a ser de España, de Rajoy para ser preciso. Ese pretender quedarse siempre en medio y que ha sido en realidad transitar siempre en el lado que no era para nada el suyo y finalmente acabar por no estar en ninguno. Consciente o inconscientemente. Los Maragall con nocturnidad y alevosía, pues su única intención ha quedado clara y era pasar las tropas socialistas a la orila separatista. Lo de Montilla y su estúpida ambición de gobernar al precio que fuera y el precio fue ser el tonto útil más útil de todos y con mayúsculas del secesionismo y sobre todos Zapatero.

Esa equidistancia entre la Constitución, la ley de todos, el voto de todos los españoles y quienes pretenden sin tapujos violarlos y expropiarlos que es imposible y ahora más que nunca. Porque hay asuntos en que ya no hay término medio, porque una parte hace mucho que solo admite y pretende la claudicación absoluta de la otra. Pero Sánchez con tal de asestar lanzadas al PP y a Rajoy a quien las asesta una vez más es a los españoles todos. O tal vez supone que tiene dotes mágicas y una pócima milagrosa para convertir a Oriol Junqueras. En realidad lo que podemos esperar de él, y no digo ya de esos Podemitas a los que hay ingenuos que suponen disgregadores del bloque separatista cuando son ya su mejor aliado para el futuro, es que visto lo visto y sus pactos lo que esta dispuesto a hacer es rendir todo y encima llegar ya a la absoluta aberración de que una Cataluña independiente de hecho y de derecho, donde España en su conjunto nada tenga que opinar ni que decir, pero ella, Cataluña si pueda seguir influyendo y hasta mandando en España. Que ese es el juego perverso. Independiente Cataluña de España pero no España de Cataluña.

Estamos hartos
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