domingo 28/2/21

¿Estamos perdiendo un tiempo precioso?

Desde el comienzo quiero ser claro y transparente y siempre manifestando mi opinión. Después de un año de pandemia, de opinar, leer, ver y estudiar casi todos los aspectos que han rodeado a la misma y de cuál ha sido nuestro comportamiento, tengo claro que la «batalla final» contra el covid no la vamos a ganar nosotros. Al virus, le iremos ganado alguna batallita, iremos consiguiendo algún objetivo parcial, conseguiremos relegarlo a un mínimo espacio en algún momento pero volverá a asomar la cabeza nos soltará un nuevo latigazo y de nuevo a la carga, año tras año.

El carácter español es proclive a tropezar en la misma piedra cuantas veces se la encuentra en el camino. Como se dice en el argot de los pescadores, intentamos «vadearla» pero algo hacemos mal que tropezamos de nuevo, una y otra vez. Con el coronavirus nos está ocurriendo lo mismo. Es probable que a los países de nuestro entorno les esté ocurriendo algo similar, pero nuestra forma de ser es más peculiar y lo es no solo por genética sino también porque económicamente no nos podemos comparar con el Reino Unido, Australia, Israel, ni siquiera con Francia. Estos países y otros se pueden permitir el lujo de tropezar, levantarse y volver a su estado natural. Nosotros quedaremos mellados para muchos años.

Siento vergüenza ajena cuando observo a nuestra generación de políticos enzarzados en luchas por no sé qué del poder judicial, por no sé cuántos de tal reforma, porque si los catalanes, porque si tal comunidad autonómica, porque si la hostelería, porque si el toque de queda…y me entran ganas de proclamar a los cuatro vientos: «¿pero cómo vamos a salir de los problemas de la pandemia si semejantes imbéciles viven en la confrontación permanente ante cualquier tontería?» (porque cualquier debate de los suyos es una tontería al lado de la pandemia). Están jugando con nosotros y dejando un reguero de vidas que no rescataremos nunca, lo demás es todo rescatable. Y mientras, el virus cada día crea una nueva variante, una tras otra, hasta que al final conseguirá sortear a las vacunas actuales y habrá que buscar otra e intentar conseguir ganar otra batallita y otra y otra cada año. Como con la gripe, pero con un virus más letal.

Por otro lado también siento una gran vergüenza observando el mangoneo de las farmacéuticas que jugando con la vida de miles de personas, sobre todo de personas que no viven en ricos países, boicotea las entregas necesarias para conseguir un buen ritmo de vacunaciones a escala mundial, y de paso se llenan sus bolsillos con las ventas al mejor postor de los productos que todos hemos financiado, haciendo uso y abuso de unas patentes que nadie les niega pero incluso en una economía de libre mercado se puede tener algo de cintura. ¡Oh no! Sobre las vacunas un «leve apunte»: ¿No es posible anticiparse al morro que le echan políticos, fiscales, obispos, curas, alcaldes, concejales, consejeros de sanidad… y toda la corte que a estos rodean, para «vacunarse saltándose el turno? Yo, si quiero que se pongan la segunda dosis, por higiene personal del resto de españoles y porque quizás usaron mi vacuna que tanto necesito, pero también quiero que se vacunen retratándose públicamente en medios audio visuales para que todos podamos ver «sus caras».

Para vivir la vida hay que mirar hacia adelante, pero para entenderla hay que mirar hacia atrás, cita del filosofo padre del existencialismo Kierkeggaard. Pues echemos la vista atrás, veamos los errores cometidos y corrijámoslos y no miremos hacia adelante sino es para aprender de los errores cometidos. Algunos ya piensan en salvar a «a las Fallas, a la Semana Santa, a san Isidro y hasta los sanfermines, jaleados en un alarde de ineptitud por la ministra de Turismo Maroto y a la que, otra ministra la de Hacienda paró los pies y matizó empleando una nueva acepción: «Movilidad Normalizada» que según ella aún no se da para tanto salvamento.

Si miramos hacia atrás, ya «hicimos un gran esfuerzo por salvar» los puentes de la Constitución, el Friday «ese», las navidades y el fin de año. Los resultados los conocemos: más infecciones, más muertes, nuestros hospitales y UCI colapsadas y nuestros sanitarios agotados.

¿Estamos perdiendo un tiempo precioso? Sin duda. Si no es, en el ocio nocturno, es en el mañaneo para tomar un café (que no se si antes tomábamos o no) que ahora parece cuestión de vida o muerte (tomarlo), y si no es el «tardeo» nueva forma de salir de copas desde el mediodía hasta el anochecer de los irresponsables de casi siempre, o las reuniones nocturnas en lugares recónditos, dirigidos por mafias y donde se entregan a las copas hasta perder la cabeza. Comienzo a presentir que la mayoría de estos idiotas, o lo son porque si o lo son porque han pasado el covid, tienen anticuerpos y no se dan cuenta de que los demás aun estamos desprotegidos. Si no entran en ninguna de estas categorías !pobrecitos¡

Se hace pues obligatorio concluir en que el confinamiento domiciliario debe ser la última solución ya que estamos incumpliendo la penúltima, siendo la penúltima, el confinamiento perimetral que ya padecemos y que sirve más bien para poco al menos en las grandes ciudades como es Madrid. Puede ser aceptable en pueblos y comunidades pequeñas. Se hace obligatorio porque la inmunidad colectiva o de rebaño a este ritmo, pues va a ser que no.

Evidencias de responsabilidad y de que haciendo las cosas bien estas saldrán bien, las hay y no pocas. Miren solo con distanciamiento social, higiene, mascarilla y responsabilidad, hemos conseguido una drástica caída de las infecciones respiratorias en los niños, que cada año provocaban cientos de ingresos, incluso las bronquiolitis prácticamente han desaparecido. A que no habíamos caído en ello. Aparte de que los niños nos están dando una lección de compostura y de sobre todo responsabilidad. Y qué casualidad por la misma causa este año se han declarado «0» gripes en nuestro país, si ya lo sé en parte lo es porque nos hemos vacunado masivamente, pero esto ya lo hacíamos otros años y teníamos miles de gripes. También hay evidencias negativas como es el abandono (no por culpa de los sanitarios) de patologías comunes o tumorales que se ven desplazadas en el tiempo a veces sin expectativas… pero este sería muy largo de exponer.

¿Estamos perdiendo un tiempo precioso?
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