jueves 6/8/20
TRIBUNA

Ética y política frente a electoralismo

El 18 de agosto se celebró en Trascastro (Fornela) un acto de homenaje al Dr. Lodario Gavela Yáñez y se instaló un monolito en su memoria frente a la consulta en la que atendía a sus enfermos. En el mismo acto se recordó a otras víctimas fornelas de la represión del régimen franquista. Conviene saber que en 1936, cuando los republicanos fornelos y de otras zonas que allí se reunieron se fueron para Asturias, un contingente de guardias y falangistas llegó a Guímara a principios de diciembre y, a sangre fría, asesinaron a siete personas, incluidos un niño de trece años y otro de catorce, como si cazaran animales. Y que un año después, cuando los republicanos regresados del Frente Norte se entregaron, con la promesa de que nada les pasaría, otros siete fueron asesinados y enterrados en el pinar de Ocero, tumba aún no abierta. Y que el alcalde republicano fue ‘cazado’ y asesinado ese mismo mes. Y que en 1940 Guímara fue condenado colectivamente y deportadas las personas mayores de catorce años, dejando abandonados a los niños menores (recogidos por familias de otros pueblos), hecho tan deleznable que deja en evidencia por sí solo el carácter inhumano de aquel régimen. Y que en 1942 otra operación destinada a inocular el miedo provocó el encarcelamiento de muchos fornelos y fornelas, además de torturas, raciones de ricino, rapado de cabezas a mujeres para humillarlas, etc. Porque la guerra de Franco se mantuvo durante muchos años después de terminada la primera fase y, al alcanzar la victoria, se inició el tiempo de «eliminar la mala hierba que crece en el suelo de la patria», de «extirpar el cáncer que creció en nuestra patria», de «exterminar a la anti-España», frases que usaban los propagandistas del régimen a lo largo de los años cuarenta para referirse a todos los que defendían las ideas republicanas de libertad, justicia social y democracia.

Y conviene no olvidar que el doctor Gavela fue vilmente asesinado por la Brigadilla en 1947 por «extender la desafección» y atender a sus compañeros fugaos, algo que él consideraba obligado no solo por el imperativo deontológico que le imponía su juramento hipocrático, sino por una opción política y moral, pues él los había acompañado en la columna que fue voluntariamente desde Fornela a Asturias para defender el gobierno legítimo. Y los atendía porque, aunque conocía los riesgos, optó por la defensa de la dignidad, de la libertad y de la justicia en un tiempo en que eso suponía jugar se la vida. Y que, tras asesinarlo, su cadáver fue abandonado en el paraje de Los Fontanales, entre matorrales. Y si su cuerpo pudo descansar en la tumba familiar fue porque los vecinos de los pueblos, sabedores de dónde y por quién se había producido el asesinato, lo buscaron, a pesar del miedo o sobreponiéndose a él, hasta encontrarlo y llevarlo a Trascastro.

Y es justo recordar que Lodario Gavela fue un benefactor que atendió con igual dedicación a sus enfermos, independientemente de la ideología de los mismos; y que promovió escuelas, y que favoreció a los más desprotegidos, y que se preocupó por el desarrollo de aquellas aldeas alejadas del progreso, todo lo cual lo hace merecedor de ese homenaje y de que se le recuerde en un monolito, que no solo le honra a él sino que ennoblece política y moralmente al pueblo que se lo dedica.

Pero el alcalde de Peranzanes, Vicente Fernández, tiene otra visión u otros cálculos y dejó claro a la comisión organizadora del homenaje que el ayuntamiento que preside se mantendría totalmente al margen del mismo y el monolito que recuerda al doctor Gavela. Y lo decidió, según él mismo hizo saber, porque «hay revuelo y gente que está en contra» (como están en contra de que se levanten, según exige la ONU, las tumbas de los más de ciento cuarenta mil asesinados por el franquismo de forma cruel e ilegal). Su decisión no es algo menor pues pone sobre el tapete una forma de actuación política que prima de forma absoluta el interés electoral sobre cualquier principio de carácter político o ético, ya que el alcalde se situó de forma consciente a la misma distancia de las víctimas y quienes quieren honrarlas, que de aquellos que se ponen del lado de los asesinos, tratando de no molestarlos y olvidando la posición mayoritaria de los fornelos, como si los asesinados por el franquismo no tuvieran derecho a la reparación y al reconocimiento, como se merecen, y nadie cuestiona, otras víctimas del terror, como las de ETA o el yihadismo islámico.

Teniendo en cuenta los gravísimos crímenes ocurridos en Fornela y que el homenajeado fue objeto de un asesinato abyecto, ¿es lícito política y moralmente mirar para otro lado y, por táctica electoral, no ponerse con claridad de su parte? ¿Qué principios políticos transmite cuando prefiere mantenerse en la equidistancia para que le vote un pequeño sector que prefiere que sigan en las cunetas los asesinados y en el olvido las personas de bien víctimas de la dictadura? ¿No va siendo hora de que, por conciencia democrática y sentido moral, condenemos con total claridad un régimen dictatorial y asesino, y nos pongamos como sociedad de parte de las víctimas de esa dictadura? ¿Qué sentido moral inculcamos en las generaciones jóvenes si les enseñamos que no hay que preocuparse de los principios éticos y políticos sino de los votos?

El doctor Lodario Gavela fue víctima de un régimen asesino y se merece reparación y reconocimiento de su dignidad. Hacerlo no es un acto de venganza (venganza sería actuar como hicieron sus asesinos: matando), sino de justicia. Homenajearlo es una toma de posición política, de clara condena de ese régimen y defensa de los valores democráticos, como hizo en su momento el asesinado doctor Gavela. Pero también de ética política pues es imprescindible para una sociedad democrática condenar moralmente al régimen que provocó tanta injusticia. Se puede ser incluso de derechas, como Merkel, y condenar un régimen nazi o fascista, como hace ella inaugurando monumentos que condenan al nazismo y constituyen un homenaje y un acto de reparación a sus víctimas. Pero el alcalde de Peranzanes, en una decisión de incoherencia política —su partido, el PSOE, sacó adelante y defiende la Ley de Memoria Histórica y—, lo que quizá es más grave, de inconsciencia moral, decidió que eran más importantes los votos que la coherencia y la ética política. Quizás su partido tenga algo que decir al respecto, pues su decisión podría ser clarificadora ante actitudes como las del alcalde de Peranzanes.

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