sábado 27/11/21

Mi petición no tendrá ninguna repercusión, lo sé pero es mía y la expongo. Las inaceptables declaraciones de Pablo Iglesias al periodista de La Sexta Gonzo, en el programa Salvados, han levantado una fuerte protesta a todos los niveles, trasversal.

Señor Iglesias, sabemos que la RAE define a un exiliado como «un expatriado por motivos políticos», lo que ocurre es que hay que separar al expatriado por razón de sus convicciones políticas democráticas en un régimen fascista y al fugado de la justicia dentro de un régimen democrático.

Los exiliados escaparon como pudieron de una dictadura impuesta tras un golpe militar, mientras Puigdemont huyo de la justicia tras trasgredir el estado de derecho. Puedo estar o no de acuerdo con el estado de derecho, pero es la ley que, no siempre es justa. Me viene a la memoria «comparar» a Machado con Puigdemont y siento aversión y rechazo. UP ha salido a la palestra para matizar a su líder (que se ha dejado matizar) alegando que «el contexto político es distinto», algo que no es matizable porque es obvio. Señor Iglesias no esperaba esto de Ud.

Decir que Puigdemont es un exiliado y no un fugado de la justicia democrática es tanto como igualarle en el sufrimiento de los exiliados en una dictadura criminal como el franquismo. Iglesias cree que lo que hizo Puigdemont no es moralmente reprobable por sus convicciones políticas, pero da la casualidad de que no juzgamos la moralidad sino el estado democrático en el que vivimos, que no nos permite todo, aunque todos estamos sujetos a la misma línea de conducta. La suya fue que se fugó y sigue fugado. Comparar su situación con la los exiliados franquistas es «repugnante» y sino que se lo pregunten a quienes sufrieron el exilio, a los republicanos durante y después de la Guerra Civil.

Pero, no le va mal al señor Puigdemont, que sigue cobrando del Estado a través de la Generalidad de Cataluña y del Parlamento Europeo y no poco, a costa del erario público. No fue su situación la de los exiliados franquistas despojados de cuanto tenían. No hay comparación. Vaya bicoca, merece la pena «exiliarse».

Quiero ir más atrás en el tiempo. Cuando nació Podemos, después del 15-M de 2011 bajo lemas como: «los jóvenes salieron a la calle y súbitamente todos los partidos envejecieron…», no podía yo sospechar cuanto el paso del tiempo nos han deparado los «jóvenes» que lideraban aquel movimiento. Podemos nació un 11 de marzo de 2014 como «movimiento asambleario, transversal, con personas de diferentes edades, profesiones… todo ellos «indignados» y con ideas sociales de reparto.

Su presidente electo fue y es Pablo Iglesias Turrión y a su lado un cerebro como J. Carlos Monedero que «no se mojó» aunque respaldó y apoyó el movimiento. Entre otros Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Tania Sánchez, Teresa Rodríguez, Luis Alegre… todos ellos purgados y expulsados. O los Miguel Urban (eurodiputado-crítico), Irene Montero (esposa de Pablo y diputada), Ana Castaño (activista de Marea Blanca), Echenique (diputado y gregario de lujo), Mayoral (diputado)… que aún le quedan. Todos ellos politólogos, políticos y profesores. Un proyecto muy interesante.

Este equipo me pareció perfecto al menos por el discurso, por que prometía «tomar el cielo por asalto», por el pretendido reparto social… enseguida me enganché a él. Además el PSOE estaba en franca decadencia ideológica y de personajes interesantes, era la vieja política, la de siempre.

El inicio de Podemos fue fulgurante de la nada a seis eurodiputados en su primera presencia electoral. Poco a poco fue ganando terreno al PSOE y se llego incluso a temer un sorpasso al mismo. Mi apreciación decayó pronto, cuando vi que casi todo era «populismo», un populismo que trataba siempre de reescribir la historia introduciendo cambios «aprovechados» en la misma

Pero Podemos primero solo y después ya como UP, comenzó a «Jodernos». Iglesias fue dejando por el camino a sus «amigos», a los que fue expulsando y/o purgando, erigiéndose en «el jefe» al que todos deben obediencia. En principio creció, pero el sorpasso no llegó, lo que sí llegaron fueron las deserciones y se fue quedando solo, acompañado de su esposa Irene Montero, su perro faldero Echenique (lenguaraz interesado) y pocos más. Ya eran y son «vieja política».

La ocasión se le presentó con el paralelo fracaso de Sánchez al frente del PSOE y la necesidad de este de pactar con el PP o aliarse con UP, el residual partido de Iglesias. UP vio enseguida que podía conseguir tocar «el cielo» sin asaltarlo y ofreció a Sánchez la «cogobernancia» que después de sudores logró La ambición de Iglesias era y es «ser ministro». Era su única obsesión y Sánchez tenía un punto débil demasiado visible. Al final Sánchez se acostó con quien le quitaba el sueño. El acoso tenía que fructificar y llego el momento para Iglesias y su corte, una vicepresidencia y cinco ministerios. Al fin. Así nació este gobierno que tenemos actualmente. Desgobernados y en medio de la pandemia por covid-19, ahora el insomnio lo padecemos todos. ¿Donde está la cogobernancia «progresista»?

Poco podía imaginar yo a pesar de todo, que Iglesias «largaría estas conflictivas declaraciones comparando exiliados incomparables». Este «acomodado burgués» nos ha estado engañando a casi todos, nos ha producido una gran decepción irreparable. Sus palabras que sonaron reales, las intentó modular, pero a mí al menos y al momento me sonaron «escalofriantes». No podía dar crédito a lo que estaba escuchando.

Por esto exijo que comparezca en el Congreso y diga que se equivocó sin paliativos, sin excusas y exponiendo las razones de tan disparatadas declaraciones, además de poner todos su cargos encima de la mesa y dimitir. «No fue un error». Ud. Hará lo que es su costumbre «evadirse» en la tinta de calamar que usted mismo expulsa. Tampoco vamos a aceptar como disculpa que criminalice el «independentismo».

Y después espero que tenga su «castigo» como político nada ejemplar, en las urnas que es donde se mide la democracia. En lo personal le deseo lo mejor, aunque no le va mal.

Exijo la comparecencia de Iglesias en el Congreso
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