sábado 26/9/20

¿Existe Dios o está todo perdido?

He creído por tiempo, y así necesito hacerme testigo de mi pensar, en si ha muerto realmente, pues yo mismo, preciso reflexionar y sentir su resurrección; mis raciocinios se alargan en tristeza y que todo ocurriese sin que yo tuviera noción o saber de la misma (Karaniazov, 1880). Ahora bien, en nuestro siglo y prescindiendo de los clichés del gran filósofo Nietzche al respecto, quisiera ver con mis propios ojos, a su verdugo, pero es curioso que sobre este deseo, se afianzan todas las religiones (muerte y resurrección) aún con mi propia fe dubitativa y lenitiva.

Ya no estaré en este mundo, cuando mis descendientes puedan interesarse del porqué de estas entidades complejas y simples al mismo tiempo. Es muy cierto, añadido, estudiado y sabido, que claramente los pensamientos Nietzchianos, detentaron claras consecuencias, de ello que los valores tradicionales en cuanto a lo cristiano, han perdido y van perdiendo su poder en la vida; y la cuestión queda claramente formulada en el proceder del pensamiento en la existencia de las personas, tal son el Nihilismo o pasividad actual y cada vez más acentuada.

El Super-hombre actual, estoico y hedonista, vivirá con intensidad, aún cuando sus pasiones fueran frenadas o reprimidas por la propia razón

Esa moralidad es clara, creada y representada por individuos débiles y resentidos, acostumbrados al servicio ajeno en cuanto a sus intereses. El Super-hombre actual, estoico y hedonista, vivirá con intensidad, aún cuando sus pasiones fueran frenadas o reprimidas por la propia razón; pero está claro que nunca será la alegación Nietzchiana en cuanto a la afirmación de la vida, el dolor y el sufrimiento, tal es la existencia humana y que coetaneamente sufrimos en nuestras carnes, por lo implacable de esta pandemia (Covid-19) a la vez que se hace más patente a través de la herencia del filósofo prusiano, al dejarnos la teoría mítica del ‘Eterno Retorno’, aunque eso sí, con los matices científicos añadidos en nuestros días, es decir, en la forma, pero no en el modo. El repetir nuestros errores, fracasos, dejadez, equivocaciones, descuidos... etc., hasta lo ilimitado de la propia existencia humana.

Será tal vez un mito, pero en lo que nos está tocando vivir en esta estrenada centuria, se acrecienta así mismo con el miedo añadido, sin su razón de ser, en cuanto cada cual halla consumido su subsistencia, la halla vivido, pero jamás deberá ser, que ella nos consuma a nosotros.

Sufrimos estos días inexorables y a través de ellos nos damos cuenta que nuestras vidas se forjarán distintas, como lo fueron las pandemias pasadas (Peste Antonina 165-180, Plaga de Justiniano 541-542, Peste Negra 1346-1353, Cocoliztli 1519-1600, Peste Bubónica 1664-1665, Cólera 1817-1923, Gripe Española 1918-1920, Gripe Asiática 1957-1958, Sida 1981... etc, etc, con millones y millones de fallecidos), resumiendo, a razón de una pandemia cada siglo, de media, pero nos costará muchas vidas y mas preguntas, inclinarnos a esa posible «venganza de la naturaleza», a través del género humano.

Esa moral judeo-cristiana de esclavos, es miserable, dado que se sustenta en el perdón como escudo oculto para dominar las voluntades, si, las voluntades más fuertes. Analicemos en todo ello, lo que supone una crítica total a la idea de la dignidad humana, de la misma ética Kantiana, sabiendo que la humanidad no es un fin en si misma, sino un mero y cercano paso entre los simios y el Super-hombre, el cual ya no cree en un mundo fundamental y superior al terrenal con lo que el mismo destina o invierte, sino el esquema platónico o judeo-cristiano o luterano... del odio al mundo y al propio cuerpo, el terror o miedo a cualquier doctrina o creencia religiosa, lo que nos lleva a no poder prescindir de ese pseudo miedo atávico enquistado, cuando lo real es, que ese miedo nos debería servir de defensa y no como esclavitud, pero así es, ha sido y será por la duración de toda historia.

Existió una respuesta alternativa y la ofreció la filosofía personalista/neoclásica, surgida a raíz de la encíclica de Leon XIII, en la cual defendía que la filosofía de Sto. Tomás de Aquino, aún era pertinente para la posteridad, perenne al fin; yo de la forma evolutiva de la sociedad, tengo mis dudas, por lo presente y posiblemente futuro. La ética Tomista, siempre descansó sobre la Aristotélica (ética pagana) y se fundamentó en una moral común, para ateos y creyentes comprometidos con su descreída época, siendo ahora en esta sociedad actual, cuando lo vemos de forma palpable (¿donde esta la iglesia, en momentos tan necesarios como el actual?), y más aún, problemáticamente desde el punto de vista del existencialismo ateo, que radica en su negación, de cualquier forma en acotar o definir la naturaleza humana, aunque descanse en su ser racional (el hacer y deshacer, caiga quien caiga, el libre albedrío tomado hasta extremos inusitados), aunque Sartre indica, afirma, que aunque Dios no existiera, nada cambiaría, no es la creencia en sí, que Dios existe, sino que discurrimos que el problema no es el de su existencia, sino que el hombre, el género humano, se encuentre a sí mismo y que nada puede salvarlo (¿será por tanto válida como prueba, la existencia de Dios?).

Tantos somos los que tenemos y tendremos dudas al respecto, que el ideal no es más que la verdad a distancia. Mi afirmación es clara, ¿no es la generalidad del género humano el que ha estado, está y estará por siempre detrás de todas y cada una de las pandemias sufridas? ¿no le resulta más barato, que la movilización general para una guerra mundial, aunque así todo siga usando armas químicas? ¿ no son armas químicas los virus de laboratorio, y terriblemente, más letales, con estratagemas indetectables? El tener sigue ganando por goleada al ser, por lo cual todos necesitamos aislarnos, no ya en casa, sino del poder omnímodo insipiente y egoista, que gestiona nuestras vidas y nuestras muertes. La historia la seguirán escribiendo los vencedores.

¿Existe Dios o está todo perdido?
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