jueves 20.02.2020

TRIBUNA | Exordio fúnebre por la nación española

El 31 de diciembre, a medianoche, los españoles, ellos y ellas, celebraron con el regocijo habitual, el año que terminaba. Ese día, comiendo sus uvas, alzando sus copas y bebiendo de ellas, entre deseos de venturas para el año que comienza. Por primera vez, en mi vida, yo no quise participar en esa algarabía. Me escondí en mi casa de la aldea, con la estufa de leña y una playlist de spotify, ajeno a los clamores de esa noche de fiesta.

Y es que yo estoy de luto. No por la perdida de un familiar, estoy de luto por mi pueblo, por esa comunidad de nacidos en el territorio soberano del estado español. Esta nación que ese 31 de diciembre, se precipitaba sin freno ya, hacia el barranco de los suicidas.

Que nadie diga, pasados unos años, que ninguno lo advirtió. Pues yo aquí, en este foro, abiertamente lo proclamo en esa fecha de desgracia. Y es que vimos esa fecha en qué acabó finalmente esa larga opereta de ocho meses, entre chalanes de feria de ganado, que nos ofrecieron nuestros prohombres, ay! tan ineptos como lenguaraces.

La farsa del regateo de los tratantes de bienes ajenos ha culminado en el peor de los epílogos. Un acuerdo entre solo dos partes de las cinco en liza que dicen proteger la casa común, es un fracaso sin paliativos, una burla de sinvergüenzas, al pueblo que representan y, ¡ay! una carta de rendición ante los enemigos de verdad, los que quieren arruinar el patrimonio de todos.

Cuando es la supervivencia de la nación lo que está amenazada, su deber era aunar fuerzas y limando diferencias, hacer frente a la hidra separatista. Pero prevaleció el interés de la parte sobre el interés del todo. Que los tribunales que habrán de juzgarles, sin duda, les condenen con la dureza que merecen. Con ese arreglo de partes, el desastre final queda asegurado, el separatismo es ahora más fuerte y al cabo de pocos años será imparable.

Pero no voy a culpar a esos alcahuetes que nos representan sino a quienes les nombran y sobre todo a quienes les pregonan. Es la pasmosa irresponsabilidad de millones de electores, su frívola indiferencia, o su imperdonable ignorancia, con diez años de educación publica universal, la que nos ha llevado hasta aquí. Que no se lamenten y maldigan a políticos y banqueros cuando la desgracia sea irreparable. Y es el miserable sectarismo, la genuflexión servil, el falseamiento criminal de los hechos, propalada por los dueños de las cadenas, emisoras y cabeceras que conforman y modelan la opinión pública la que más ha servido para llegar a este desenlace.

No, no voy a insultar a los jerarcas que nos han llevado hasta aquí, la lista es larga y es de todos los colores. Habría que apuntar la cabeza del Estado como responsable de todos los infundios. Solo tengo fuerzas para entonar este réquiem dolorido por esta España absurda que pudo ser próspera y libre una vez más (como así pudo ser en todos los siglos de su historia). Y que ha elegido una vez más, como así lo hizo otras tantas veces antes, ser desdichada y fratricida. Mi pésame a todos los naturales de esta nación, entre los cuales me incluyo sin remedio,

Creen los hijos renegados que matando a la madre común, serán libres y prósperos. Y yo les digo que en su mezquina hermandad de criminales matricidas serán doblemente pobres y doblemente siervos.

TRIBUNA | Exordio fúnebre por la nación española
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