viernes. 27.01.2023

HACE poco más de un mes escribía aquí mismo sobre «inseguridad y suerte», porque de tres casos conocidos de intento de robo dos se consumaron, con distinto resultado, pues una de las dos víctimas resultó muerta por apuñalamiento mientras la otra no sufrió ni un rasguño.

Qué duda cabe que la presencia policial en las calles sirve para disuadir al delincuente, que no por ello se olvida de delinquir, pero sí busca una ocasión más propicia o que las circunstancias le sean más favorables. Así que no deben darse facilidades a quienes tienen como medio de vida el daño a los bienes del prójimo.

He dicho en muchas ocasiones que León es una ciudad oscura por las noches, que las farolas están demasiado altas y con ello se pierde luminosidad en las aceras y calzada, mientras se iluminan fachadas inutilmente o las copas de los árboles. Y esa oscuridad facilita la tarea a los amigos de lo ajeno.

El año nuevo dejó sin luz a la calle Juan Madrazo y en la noche de Reyes unos cacos delgados aprovecharon la oscuridad para reventar la persiana de seguridad de Scanleón y colarse en su interior, produciendo destrozos varios y llevándose cosas de no demasiado valor material, pero sí sentimental como una cámara de vídeo en la que estaba grabada la comunión de un niño y la actuación infantil en el colegio de una niña. El atribulado padre se lamentaba de haberse quedado sin estos recuerdos y sin la consola de su hijo, que los rateros encontraron dentro de una mochila. Así que en lugar de traerles cosas los Reyes Magos se las llevaron los mangantes. Aprovechando la nocturnidad, más oscura de lo habitual, lo que fue darles demasiadas facilidades para que consiguieran sus propios Reyes.

Facilidades
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