martes. 06.12.2022

Villarino es un pueblo perteneciente al municipio de Truchas en el extremo oeste de la Cabrera Alta. Está en el pliegue de un vallecito en la poderosa ramificación brotada de la Sierra de la Cabrera Baja en su cara norte a 1290 metros de altura, el más alto de toda Cabrera. El pueblo estuvo por cierto durante unas horas gravemente amenazado por el incendio de agosto de 2017. El fuego lo cercó, pero finalmente fue detenido. Ninguna edificación quedó afectada, incluidas por tanto las dos iglesias que tiene, una ermita a la entrada y la iglesia parroquial al otro extremo. Es la más modesta de toda Cabrera Alta, y sorprende porque todas tienen arquitecturas notables, algunas de traza verdaderamente monumental. Pero en esta de Villarino hay un detalle único y es la campana de la izquierda, con dos inscripciones en latín, arriba y abajo: aquella propone el alejamiento del «enemigo» (y hay que entender por lo tanto el demonio) y la de abajo de las tormentas, que no dejan de ser también un enemigo, pero sin duda no tan temible como aquel. Pero lo importante es la fecha, que la convierte en la más antigua de toda Cabrera: 1581. Así que esa campana sonaba ya su bronce estremecido, pautando vida y muerte de aquellos campesinos, cuando al rey Felipe II, de quien eran vasallos, aunque no lo supieran, aún le quedaban diecisiete años de vida y reinado.

Cien años después exactamente, en 1681 era párroco de la iglesia de Noceda Ambrosio Pérez. El nombre junto a su título de licenciado consta en la inscripción que él mismo mandó poner en el vuelo de una de las campanas, así como el año, 1681, por el que pasa a ser la segunda más antigua de Cabrera. Pero más sorprende ese título que no esperaríamos en este lejano rincón, una aldea diminuta en la altura de la ladera, lejos del río Cabrera que corre allá al fondo. La inscripción guarda otra curiosidad en el nombre, y es que el fundidor, al grabarla en el molde tuvo un leve despiste, que quedó al descubierto, cuando lo rompió y vio el nombre en el bronce ya frío; había bailado la posición de un par de letras y el que la campana muestra es en realidad este: Ambrosio. «Gajes del oficio», diría resignado, no menos que modesto y objetivo.

El día 27 de abril de 1602 D. García de Toledo, primogénito de D. Pedro de Toledo, quinto marqués de Villafranca, firmó en ausencia de su padre las Ordenanzas de la Gobernación de Cabrera, cuyo fin pretendido era «el buen gobierno y el bien común de toda la di cha república». La gobernación incluía entonces la actual Cabrera, Alta y Baja, más el territorio orensano de Casayo y Lardeira, y su población, distribuida en cuarenta pueblos o lugares, sumaba unos dos mil vecinos, de acuerdo con las cifras del vecindario de 1591. La casa del gobernador estaba en Quintanilla de Losada, donde sigue, aunque ya en estado de ruina, con su escudo derribado ante la puerta roto por la mitad. Por casualidad ese año 1602 fue el de la publicación de una obra importante para la literatura en español y más aún por lo que supuso y sigue suponiendo para la difusión del libro de que se trata: es la llamada Biblia del Cántaro, revisión hecha por Cipriano de Valera de la traducción que había publicado en 1569 Casiodoro de Reina, y conocida como Biblia del Oso. Esta versión es la que utilizan las sociedades bíblicas en todo el mundo, revisada por ellas para ponerla al día según sus criterios.

Un año antes la ermita perteneciente a este pueblo, situada en un paraje donde confluyen dos arroyos y seguramente por eso denominado Biforcos, que da nombre a la advocación de la virgen allí venerada, había sido objeto de una reforma por la que pasó de humilde ermita a iglesia ya de cierta prestancia, en la que destaca la cúpula, cubierta con un artesonado singular, único, junto al de la iglesia de Trabazos, en toda Cabrera. La fecha junto con el nombre del autor de la reforma está grabada con letras de bello trazo en la piedra más alta del contrafuerte izquierdo del arco triunfal: 1601.

Lo importante es la fecha, que la convierte en la más antigua de toda Cabrera: 1581. Así que esa campana sonaba ya su bronce estremecido, pautando vida y muerte de aquellos campesinos, cuando al rey Felipe II, aún le quedaban 178 años de vida y reinado

En cierta ocasión aparecieron escritos en el muro a un lado de la puerta unos versículos bíblicos con la diatriba contra los ídolos del salmo 135: «Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen». Los pusieron allí unos testigos de Jehová naturales del pueblo, emigrantes en Francia, con una intención evidente contra la Virgen allí venerada y los otros santos. Y tales versículos estaban tomados de la Reina-Valera.

Mientras existió la gobernación de Cabrera, que llegó hasta la reforma administrativa de mediados del XIX, las obras eclesiásticas de reparación o nueva planta solían ser datadas mencionando los nombres del párroco y el gobernador. Es el caso de la iglesia parroquial de Robledo de Losada y su bello retablo barroco dotado de columnas salomónicas muy adornadas. La breve franja que lo remata por abajo sobre la base en que se asienta la recorre una inscripción en la que se dicen los nombres del párroco y del go be rnador y el año en que el retablo fue dorado y pintado. El año es este: 1792, por casualidad el mismo en que murió Mozart. De modo que ese retablo con sus dos nombres nos evoca un tiempo lejano en la historia de Cabrera, y también, con toda su modestia a cuestas, el esplendor barroco del mundo no menos lejano en que Mozart compuso su música y fue tocada y difundida.

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