miércoles. 22.03.2023

«Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan». Shakira.

Los antiguos griegos fabricaban dioses de barro, a su imagen y semejanza, con las mismas debilidades que los habitantes para poder construirles historias verosímiles y humanas con las que poder identificarse; como ya no quedan dioses griegos, el pueblo, en general, ha ido fabricando otros dioses también a su imagen y semejanza, pero con finanzas más elevadas, desfilando por las aceras de la moda la legión de los hombres y mujeres del nuevo Olimpo a los que les suceden las mismas banalidades que al resto de sus contemporáneos, una inspección de Hacienda, una suegra complicada, unos cuernos con una chica más joven, vamos, clasicazos como el Real Madrid-Barcelona, y es, por supuesto, muy gratificante comprobar que los dioses sufren, se lamentan y hasta se revuelcan de dolor por los mismos problemas que ocurren a diario en la calle. Da como cierta satisfacción.

Pero he aquí que el supuesto dolor y el supuesto tormento de los dioses hasta les resulta altamente rentable, esto es lo interesante, y hasta puede ser que el dolor sea fingido o impostado para lanzarse al siguiente anillo del Olimpo, porque, como hemos visto, las mujeres ya no lloran, sino que facturan, y qué mejor forma de facturar que componer dándole mucha leña al ex, que por puro morbo acaba atrayendo al resto de los mortales, ya que es más divertido saber de las intimidades de los dioses que de la vecina del tercero, aunque sean las mismas. Y con esto los dioses nos demuestran porqué son dioses, lo que no vale nada, si les sucede a ellos, lo vale todo.

Por lo que cuentan, ni siquiera es la primera inspiración de la colombiana, sino que en sucesivos meses la diosa de las caderas ha ido lanzando sonidos en los que cada vez se ha desahogado con mayor crudeza, y resulta que a mayor crudeza, mayor audiencia, dando con los tópicos más tópicos de los coches, los relojes, las suegras, las deudas, la edad del reemplazo, la limitación intelectual, etc., sin entender a estas alturas cómo la chica no había reparado con anterioridad en la supuesta limitación mental del susodicho, puesto que, es de suponer, que alguna vez habría conversado con él en estos últimos años. Ya saben, a toro pasado casi todos dicen lo mismo y lo resume muy bien el eterno Raphael «de esto estuve yo enamorado».

Monotonías aparte, y sin entrar a valorar que es más asequible el mantenimiento de un Renault que un Ferrari —y encima es probable que falle menos—, y de comprar un Casio que un Rolex, lo cierto es que la que hace décadas se lanzó al estrellato con el género rock, ha necesitado descender al submundo del bizarrap para perpetrar la rentable venganza, y mientras la melodía gira alrededor del mundo y se colapsan las descargas, los números salen y la chica cumple con lo dicho en la canción, las mujeres ya no lo lloran, o si lloran, al menos facturan y duele menos la cosa.

Así como otro cantó eso de a mis cuarenta y diez, a sus cuarenta y cinco, y un gran bagaje a sus espaldas, hasta de los cuernos saca riqueza, la experiencia es un grado y no por casualidad recitaba Quevedo, a propósito del tema, que el personal se mofaba rumoreando que le ponían los cuernos, y que sin embargo, lo que hacían era pagarle el plato y la mesa, pues eso, benditos y rentables cuernos.

Ferraris, Twingos, Rolexs y Casios
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