martes. 29.11.2022
ES gratificante ver los partidos de los campeonatos mundiales de fútbol. Eso que muchas mujeres dicen que vuelve ridículos a los hombres, pero que al final terminan ellas viendo y animando a los equipos más débiles. Y es que la vida se dirime entre el conflicto entre los pequeños y los grandes, los poderosos y los débiles y durante la celebración de cualquier mundial siempre hay ejemplos de ello. Senegal acaba con Francia, que ni se clasifica; Argentina se queda en la cuneta; Japón y Corea sacan los dientes y se hacen más grandes a los ojos de aficionados y... aficionadas. Un mundial de fútbol es mezcla de pasión y sorpresa, pero tiene algo más: que siempre permite la posibilidad de hacer grande al pequeño, mostrando que la cuestión no estriba en ser el más afamado o el primero, sino en que el más débil se crezca ante la circunstancia adversa. En España, país que ve a su selección colocarse entre las más grandes, el fútbol no va a hacer desaparecer el serio problema que el Gobierno -un grande- ha planteado a todos los trabajadores -evidentemente, los pequeños- con su reforma por decretazo de las condiciones de despido y de cobro del paro. Su mayoría absoluta le ha engrandecido tanto que se ha propuesto rendir ahora cuentas a los poderosos, legislando a favor de ellos sin pudor. Es cuestión de los pequeños, los trabajadores, hacer piña y demostrar que son tan grandes como los poderosos saliendo a la calle a decirle que, según su opinión, se equivoca. Esto no es el mundial de fútbol, pero es una cita para ganar por goleada o ser descalificados.

Grandes y chicos
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