viernes. 03.02.2023
SEGUIMOS en el monotema, con una conclusión provisional: tal como se producen los acontecimientos y hablan los políticos, hay serios indicios de que este país necesita un psiquiatra. Lamento escribir esto el día de Reyes, que es día evanescente y de ilusiones, pero la clase política dista mucho de estar a la altura de la gravedad del momento. Hay histeria en la derecha; borrachera ideológica a la izquierda del PSOE; aprovechamiento impúdico de otros nacionalismos, y un cierto aroma de provocación de la ruina o de una catarsis nacional de imprevisibles consecuencias. Miremos el panorama. El gran partido de oposición, el PP, la esperanza de todos los defraudados por Zapatero, se comporta como si no tuviera a sus espaldas ocho años de experiencia de gobierno. Por agrandar el conflicto, es capaz de convertir en agravio de colegial el hecho de que Zapatero reciba antes a Ibarretxe que a Rajoy. Insiste en la necesidad ineludible de acudir ya al Tribunal Constitucional, como si no hubiera recibido ya una lección de ese Tribunal por la precipitación de sus decisiones. Va a proponer un Pacto de Estado por la unidad de España, como si no hubiera una Co nstitución. Y, metido en el confuso tropel de las confusas iniciativas, respalda que se reúna la Conferencia de Presidentes, con la ingenuidad de creer que en ese ámbito se puede resolver algo. Pocas veces se parieron en tan pocos días ideas tan poco útiles. Lo entiendo como una necesidad urgente de convertirse en eje de la crisis. Nada más. Pero atención al papel de los demás nacionalismos. Para empezar, el gallego; el BNG, rapidísimo en apuntarse al respaldo a Ibarretxe. Está en su derecho y quizá en su coherencia. Pero ¿se han parado a calcular las repercusiones electorales de su postura? ¿Piensan aumentar por esa vía el respaldo de la sociedad gallega? ¿Han medido, incluso, el daño que le hacen a la alternativa de izquierda en Galicia, si dicen a sus votantes que pueden llegar a proponer vértigos como el vasco? Bien, pues todo esto se queda pequeño ante Esquerra Republicana de Cataluña. Ayer, su secretario general, el señor Puigcercós, volvió a saborear el dulce encanto del chantaje. Le dijo a Zapatero que, si da un «no» rotundo a Ibarretxe, «se habrá acabado esta legislatura». Dan ganas de replicarles: oigan, termínenla ya y vayamos a nuevas elecciones. Porque está claro que estos señores no apoyan al gobierno para hacer posible la estabilidad del país. Le alquilan sus escaños en busca exclusiva de su interés de partido y para que la estructura territorial de España se acomode a su antojo. Hay muchos ciudadanos que se empiezan a cansar de tanto egoísmo y tanta coacción. Empiezan a estar hasta los mismísimos.

Hasta los mismísimos
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