domingo. 27.11.2022

SE SUELE decir que no es traidor el que avisa, pero muchos no apreciamos que haya incompatibilidad entre ambas cosas. Se pueden traicionar algunas convicciones y después dar noticias del hecho. No nos podemos quejar los españoles de que los males que nos aguardan durante este año nos van a pillar de sorpresa. La conversación del señor Solbes se está haciendo muy monótona. Se conoce que ahora está diciendo todo lo que antes callaba, quizá porque no vio venir las cosas hasta que le empujaban. Ahora nos está trazando un programa de festejos tétrico: la crisis destruirá 600.000 empleos, el paro llegará al 16 por ciento y el déficit se acercará al seis, si es que no consigue rebasar la cifra.

En lo que no podemos estar de acuerdo con el todavía excelentísimo señor ministro las personas de mi edad es en que sea ésta «la peor recesión». Hemos vivido otras en las que los nativos, además de morirse de hambre, se mataban unos a otros. Todavía no hemos llegado al Auxilio Social, ni a la Cartilla de Racionamiento, que fue el primer libro que inauguró nuestra biblioteca. A veces he temido que mi vida pudiera ser capicúa, o sea que la última vuelta del camino fuese idéntica al primer trayecto. El infierno que auguran me recuerda al que describían los reverendos padres de aquel colegio en los llamados Ejercicios Espirituales. Lo hacían con un lujo de detalles que nos hacía sospechar a sus indefensos oyentes que acababan de pasar una estancia allí. Si estaban gordos los predicadores era porque, precisamente, los únicos ejercicios que hacían eran los Espirituales. Claro que el señor Solbes tampoco cuida mucho la línea. Ni la de fuera ni la de dentro.

Heraldos negros
Comentarios