jueves. 09.02.2023
SOY CONSCIENTE de que el título y el contenido de este artículo pueden resultar extraños, especialmente a no pocos lacianiegos, a los que les toca vivir una época de crisis muy profunda que ha traído consigo las convulsiones políticas y los enfrentamientos propios de los momentos de conflicto. Efectivamente, en Laciana se ha sufrido y se sufre una crisis económica brutal que trastocó hace años las bases de la producción tradicional ganadera y que modernamente ha afectado muy negativamente a la más moderna industria de extracción del carbón. Envueltos como están los lacianiegos en su propia percepción colectiva de la crisis, es lógico que lo que más destaque en su paisaje vital sean, entonces, los aspectos negativos y críticos. Es, por tanto, lógico que haya un cierto pesimismo generalizado. Sin embargo, mirando las cosas con objetividad y desde fuera, hay que reconocer lo mucho que Laciana ha trabajado en los últimos años para combatir la crisis y buscar una salida. Como alguien que no es de Laciana, sino de Palacios del Sil, y que tampoco vive en tierras lacianiegas, querría con estas líneas hacer una breve reflexión destacando lo mucho que en conjunto la sociedad lacianiega ha conseguido y de lo que puede estar orgullosa. Recordemos aquella época «dorada» de producción de carbón en Laciana, cuando el estado expoliaba «con éxito» la riqueza carbonífera del valle y nada daba a cambio. Cuando todo era negro y se destruía el hábitat y los pulmones de la gente para llevar el dinero a otras zonas. Recuerdo que siendo yo muy joven era difícil encontrar en Villablino incluso la prensa, que a veces llegaba con dos días de retraso. Recuerdo que no había ninguna (pero ninguna en absoluto) actividad cultural. Recuerdo que Laciana ni siquiera aparecía en los periódicos leoneses, si no era para referirse a los accidentes mortales en la mina. Ahora los tiempos cambiaron radicalmente y la minería se enfrenta a nuevos desafíos y a fuertes desencuentros. Pero los lacianiegos han conseguido cambiar positivamente muchas cosas. Por ejemplo, se ha logrado poner en valor el paisaje y los recursos naturales, necesarios para lograr una fuente de riqueza en el turismo. Se ha dinamizado culturalmente la sociedad lacianiega, de forma que muy pocos municipios leoneses tienen el ritmo de actividades culturales que se llevan a cabo en Laciana. Se ha recobrado el orgullo por las tradiciones lacianiegas y por su cultura y lengua milenarias, lo que es imprescindible para que aumente la autoestima colectiva y para que la población se encuentre satisfecha en su tierra y quiera seguir viviendo en ella. Se ha conseguido que Laciana sea un polo de atracción cultural y universitaria, cosa impensable hace pocos años. En definitiva, la Laciana de hoy es, con todos sus problemas de distinto tipo, un ejemplo de esfuerzo por combatir la desmoralización y de revitalizarse ante los desafíos del futuro. Hay que destacar que el mérito corresponde en términos generales a todos los lacianiegos, aunque habría que destacar, por supuesto, a algunos grupos y colectivos que comenzaron a dejar de considerar a Laciana como un simple campamento minero. (Recuerdo, por ejemplo, aquellos años extraordinarios de la revista El Calecho y el Grupo de Baile de San Miguel y de otros colectivos culturales que empezaron a dar una nueva imagen de Laciana). Sea cual sea el juicio político que merezcan en otros aspectos -en los que no entro porque no soy la persona indicada para hacerlo- lo cierto es que las distintas personas que llevaron la cuestión cultural en los sucesivos ayuntamientos democráticos de Laciana se mostraron sensibles a la necesidad de revitalizar culturalmente la zona. Como fruto de este trabajo colectivo y continuado de gente de distintos colores políticos ha ido fraguándose una actividad y una riqueza cultural que quizás los propios lacianiegos no valoran aún lo suficiente. Pero lo cierto es que Laciana se ha enriquecido mucho cultural y humanamente. Y en este sentido hay que ver las últimas iniciativas de la concejalía de Cultura y de asociaciones lacianiegas (Amigos de Sierra Pambley, la Fundación Sierra-Pambley, etc.), fomentando el estudio y la estima de la cultura propia y animando a la participación ciudadana en las actividades de dignificación de Laciana. Y todo ello se ha hecho y se hace desde una perspectiva moderna y progresista, lejos del provincianismo y del espíritu pueblerino que todavía lastra a otros gestores culturales. Creo que en Laciana se ha entendido que contribuir al progreso de la cultura propia, la lacianiega en este caso, es la mejor contribución a la cultura universal, a la cultura de todos. Así lo percibimos muchos de los que nos acercamos periódicamente a Laciana, una tierra que, en medio de todos los problemas, no claudica y busca en su riqueza cultural una de las fuentes de su desarrollo. Este es el único camino viable, el que en Europa se recomienda para las regiones y zonas en crisis: afianzar la autoestima y los valores propios. Sólo así podrá evitarse, parafraseando a Flaubert, que se nos escape el presente por quedar encadenados al pasado y torturados por el futuro.

Homenaje a Laciana
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