jueves 22/4/21

Hoy es también Viernes de Dolores

La pandemia covid-19 ha modificado las estructuras de convivencia, las relaciones sociales y las maneras de vivir. Y lo ha hecho de un modo radical, atenazando conductas y comportamientos. De tal modo que, en el caso que nos incumbe, por segundo año consecutivo, las procesiones han sido suspendidas. Aún así, de cualquier forma, el recuerdo estará siempre presente. Hoy es Viernes de Dolores, y, por consiguiente, una fecha propicia para la remembranza.

En León, la Semana Santa, observada desde el ámbito de la religiosidad popular, es una suma de emociones espontáneas y vivencias interiores, una galería vibrante de espiritualidad, ahíta de simbolismos, que se cuenta por centurias. Y el Viernes de Dolores, fecha que trasluce fe y tradición, es el pórtico de la Semana Mayor legionense desde muy lejanos tiempos. Y lo seguirá siendo, aunque avatares, alteraciones, vicisitudes y alternativas alcen sus pabellones en este peregrinaje diario que es la vida.

De vez en vez, tal como ahora, es necesario recordar lo que es evidente. Por eso, en este caso, valiéndonos de la evocación, dada la coyuntura actual, destacaremos que al atardecer del quinto viernes de cuaresma, cuando «La Morenica del Mercado», como tituló a esta gótica imagen Máximo Cayón Waldaliso, abandona por unas horas su santuario, sito en plena ruta compostelana, lo hace arropada por la manifiesta devoción del pueblo leonés, que ha encontrado siempre en esta Reina de los Mártires un insustituible paño de lágrimas si las apreturas cotidianas ponen cerco a sus dudas y creencias, temores y esperanzas. Entonces, el relieve urbano se convierte en un templo abierto, exento de fronteras, alumbrado con los faroles cuaresmales que encienden el bisbiseo del rezo y el latido de la penitencia. Y esa luz muestra aún más perceptibles, tal como advierte con finura lírica Victoriano Crémer, esos siete puñales que la Virgen de mi calle lleva clavados en su pequeño corazón de luna.

El hecho es constatable y no precisa de añadiduras. Y lo es tanto a la salida como a la entrada de esta sagrada imagen del alcázar mariano que se alza en la antigua calle de la Frenería, y, por supuesto, a través del tradicional itinerario que recorre, en el cual se yuxtaponen el casco histórico y determinados lugares que propició el Ensanche de esta urbe bimilenaria.

A mayor abundamiento, dado que esta Virgen de los Dolores es versículo secular de la piedad leonesa, como he reiterado con profusión, ese fervor cobra proporciones verídicas y visibles en las estaciones que efectúa el cortejo procesional en el Real Monasterio de Santa María de Carbajal, ante la capilla del Cristo de la Victoria, en la calle Ancha, y en la plaza de Santo Domingo, lugar donde la piedad popular acaso alcanza su mayor exponente. Se trata, pues, de tres láminas piadosas y emocionales.

«En las tardes de marzo, ya cercana la noche, —escribía Antonio Pereira en 1951—, yo no sabría encontrar el alma de León mejor que en este templo viejísimo del Mercado, con sus paredes que rezuman historia, con sus portones abiertos de par en par al fervor de tan grande cantidad de fieles. Ni podría reconocer el alma leonesa más certeramente que en esta actitud uniforme de la muchedumbre: de amor, de súplica, de entrega total».

Lo mismo que en el anterior 2020, este año, lo insólito, por extraño, absorbe a lo cotidiano. En consecuencia, la procesión de la Dolorosa del Mercado es inviable, por razones meridianas y conocidas. No obstante, la Semana Santa, litúrgicamente hablando, se llevará a término con toda solemnidad. Y es que tal como apuntó en su cuaderno de impresiones y sentimientos, hace ahora setenta años, el citado poeta y escritor villafranquino, así ha venido aconteciendo durante los días previos a la festividad del Viernes de Dolores, en la inmemorial novena que se viene celebrando y que finaliza hoy en la iglesia parroquial.

La Semana Santa de León, declarada en 2002 de Interés Turístico Internacional, afirma sus raíces en el 28 de marzo de 1521, Jueves Santo, Día del Amor Fraterno. Es el primer testimonio escrito que ha llegado hasta nosotros gracias a las actas catedralicias legionenses y hace referencia a una procesión de los «Disciplinantes», que, con la Guerra de las Comunidades como telón de fondo, derivó en un dramático episodio que yo mismo he comentado ya en distintas ocasiones. Pasado mañana, Domingo de Ramos se cumplirán, por tanto, quinientos años de dicho cortejo.

Pues, bien, ateniéndonos a la perspectiva de la cronología, no conviene olvidar tampoco que Raimundo Rodríguez Vega, competentísimo canónigo archivero de nuestro primer templo, en su Guía Turística de León, [1925, pg. 140], dejó anotado que «Nuestra Señora de los Dolores es de buena escultura, probablemente del siglo XV, pues en 1509 se la llama Santa María la Nueva», lo que equivale a decir, porque es incontrovertible, que la Antigua del Camino, es decir, Santa María del Mercado, denominada así documentalmente por primera vez en 1675, que es también virgen de rogativas, ocupa un lugar muy principal en esta otrora Urbe Regia en la conmemoración del Drama del Calvario.

Este año, la procesión de la Virgen del Mercado, que es la procesión del pueblo de León, tan sentida como añorada, será una evocación en el imaginario popular de esta capital del Viejo Reino. Por ello, de cara al próximo 2022, con la fe como bandera, solo podemos apoyar nuestra esperanza en las palabras de San Pablo a los Filipenses, [4,19]: «Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús».

Hoy es también Viernes de Dolores
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