viernes. 27.01.2023

«Españolito, guárdate de los idus de diciembre». Del autor.

Como dicen los meteorólogos que acecha el frío, se ve que el personal se ha lanzado este año a por las estufas de pellets, a por la ropa de montaña y a por distintas y abrigadas mantas que los protejan del invierno. Se ve que con las facturas la cosa no está para bromas y solo unos pocos suicidas se atreven a darle a la rueda del termostato. De estos, parece ser, que los más católicos se persignan antes de girar la rueda y los más aconfesionales respiran hondo y se encomiendan a cualquier otra deidad. Parece ser, ya digo, que eso de calentarse en invierno privilegio de otros tiempos, de cualquier otro tiempo que ahora nos parece mejor, puesto que, dicen los diarios, no ha quedado nada al alcance del ciudadano, ni gas ni gasoil, ni butano ni madera, ni siquiera el carbón, todo se ha disparado como si el combustible fuese el suntuoso caviar de las calderas.

Esta cura de humildad no hace sino emparentarnos nuevamente con el cromañón, solo que en cuevas más modernas, y alejarnos de lo que se dio en llamar la sociedad del bienestar para imbuirnos de lleno en el mar de la pobreza energética, mar hondo, frío y profundo que se va a instalar en los próximos meses. Algunos, los más catastrofistas, ya auguran numerosas muertes por monóxido de carbono, incendios e hipotermias, e incluso están los más neorrealistas, que van rescatando de los trasteros, desguaces temporales y sentimentales, los restos arqueológicos que nos recuerdan quiénes fuimos o quiénes fueron nuestros ancestros, braseros, bolsas de agua caliente, con y sin forro, bufandas y madejas. Otros, menos caseros y más dados a la calle, vaticinan tardes por el centro comercial donde pasar el tiempo barzoneando entre tiendas donde no tienen pensado comprar, o tardes de bar, donde al calor del coñac los termómetros son ajenos y a fin de cuentas la factura la paga el patrón. Incluso se ve que algunos trabajadores amenazan con boicotear eso del teletrabajo, ya que en las instalaciones empresariales se tira de largo y sale más barato y confortable que chupar frío en casa o gastar un dineral para darle al teclado en pijama.

Todo esto debiera darnos en pensar que somos pobres, en la calamitosa gestión de los recursos de la burguesa Europa

Sea como fuere, se acercan tiempos donde pueden florecer los sabañones, que ya nos suenan a ciudades tristes de posguerra, y a tiempos donde hasta las duchas se racionan como una improvisada cartilla de racionamiento. Todo esto debiera darnos en pensar que somos pobres, en la calamitosa gestión de los recursos de la burguesa Europa, pero he aquí que como hay partido, y más allá del partido, una cierta cadena emite un cierto programa donde venden los más sucios trapos de portera, nada importa y ya no hace tanto frío, entre gladiadores y horteras calentarán el ambiente del salón y cuando brille la luna, que no será llena, nadie levantará la voz.

Entre tanto, más calientes, Fenosa, Endesa, Repsol y el resto de la familia echan cuentas, humean el puro de la victoria y sonríen al cambio de estación, este trimestre la cuenta de resultados será muy satisfactoria; mientras los del ayuntamiento barruntan qué luminaria es susceptible de apagón. Puede que al menos no rompan el sueño navideño, cercano ya, y quede una vaga iluminaria para los Reyes Magos. Eso ya lo veremos.

Los idus de diciembre
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