miércoles 27/10/21

Iglesia en el mundo obrero: 75° aniversario de la Hoac

Alguno se sorprenderá: «¡Iglesia en el Mundo Obrero… 75 años ha!». En realidad, la implicación de la Iglesia con el Mundo Obrero viene de bastante antes, sobre todo desde la encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891), en el ámbito de una corriente importante de «catolicismo social» que se extendía desde la segunda mitad del s. XIX. Hacia 1930 surge también en Bélgica y se fue extendiendo por toda Europa la Juventud Obrera Cristiana (JOC), promovida por J. Cardijn. Y, al fin, en nuestro país surge la Hermandad Obrera de Acción Católica (Hoac), impulsada por el episcopado y organizada y difundida por Guillermo Rovirosa i Albet.

Hay momentos estelares o significativos en el transcurso histórico de la humanidad y de la Iglesia que realmente parecen frutos especiales de la acción de Dios. Señalaría el Concilio Vaticano II, pero también el comienzo y el desarrollo de la Hoac a cargo de Guillermo Rovirosa.

Rovirosa reniega de la Iglesia a raíz de la muerte de su madre, cuando tiene quince años. Pero, a los 35 años, en París, «cae del caballo» —como el apóstol Pablo— cuando, por casualidad, oye decir al cardenal Verdier que el mejor cristiano es el que más sabe de teoría y práctica de Jesús. Rovirosa se sorprende él mismo de que no conoce a Jesús. De ahí, inicia un proceso personal original de acercamiento al Jesús de los evangelios. Realiza un retiro de tres meses en El Escorial, que concluye con lo que él llama su primera conversión. Hace el pacto tripartito entre él, su esposa Catalina y Jesucristo de dedicar su vida al apostolado, con la confianza de que Dios proveería a la satisfacción de sus necesidades materiales. Ello ocurría en 1935. Pero, ubicado clandestinamente durante la Guerra Civil en un edificio donde se encontraba la biblioteca jesuita de «Fomento Social», Rovirosa se imbuyó con avidez de la doctrina social de la Iglesia, llegando a su segunda conversión de dedicar toda su vida a devolver los pobres del Mundo Obrero a Jesucristo.

Se integra en la Acción Católica y asume la Vocalía de Acción Social de la misma, compartiendo e implicando un primer grupo de hombres en la evangelización de los trabajadores. Y, en el año decisivo de 1946, recibe la misión eclesial de iniciar y estructurar la Hermandad Obrera de Acción Católica (Hoac).

Rovirosa iba desarrollando una definida conciencia y militancia obrera desde una opción cristiana radical y total. Era lo que luego se diría «místico de ojos abiertos», un verdadero profeta

Rovirosa iba desarrollando una definida conciencia y militancia obrera desde una opción cristiana radical y total. Era lo que luego se diría «místico de ojos abiertos», un verdadero profeta que, desde la unión con Jesucristo, lleva a cabo una implicación en el Mundo Obrero que ocupaba y absorbía todo su tiempo y su vida.

La formación teórica y práctica de militantes obreros cristianos, la concienciación pública y eclesial de la situación crítica del Mundo Obrero y la acción en pro de su liberación y dignificación fue la gran obra de G. Rovirosa y la concepción intelectual, espiritual y militante que ha marcado la vida de la Hoac hasta hoy.

La tarea de Difusión de la Hoac comenzó en 1946 con el ¡TÚ!, periódico de tirada quincenal y luego semanal, de distribución general y gratuita. Siguió el Boletín de Dirigentes (luego Militantes), que recogía las programaciones y actividades de Rovirosa y de la Hoac (que hoy continúa con la revista de Noticias Obreras). Obras de G. Rovirosa, como Manifiesto Comunitarista, De quien es la empresa, El Compromiso Temporal, Cooperatismo Integral… indican ya en su mismo título la línea radicalmente renovadora desde la visión cristiana, del sistema económico, de la empresa, de la dignidad del trabajo y del trabajador.

De 1946 a 1964 —fecha en que fallece—, Rovirosa manifiesta una creatividad y originalidad casi impensables en aquella época. De tal manera que, desde muy pronto concitó el recelo y, progresivamente, el rechazo de sus planteamientos y propuestas por parte de las autoridades políticas y sindicales, y también —lo más doloroso para él— de la propia Iglesia. Ordenan la cancelación del ¡TÚ!, prohíben la publicación del Manifiesto Comunitarista, apartan a Rovirosa de la dirección del Boletín de Militantes y, finalmente, en 1957, el cardenal Pla y Deniel, prohíbe a Rovirosa realizar propaganda pública de la Hoac.

En ningún momento y de ninguna manera, Rovirosa se rebela ni se opone a las decisiones eclesiásticas, sino que las asume como signo y prueba de su fidelidad a Jesucristo y al evangelio —«Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Jn. 15,20)—. Una vez más podemos intuir la dimensión mistico-profética de Rovirosa, de su vida y su misión.

En 1957 padece un grave accidente de coche que le provoca la amputación del pie izquierdo. Entonces proclama: «Ahora más que nunca». Pasa bastante tiempo en el monasterio de Montserrat y publica algunas obras de una calidad evangélica y espiritual excepcional: El primer santo. Dimas el ladrón; El primer traidor cristiano: Judas de Keriot, el apóstol, La virtud de escuchar

Cuando muere Rovirosa, el 27 de febrero de 1964, la Hoac contaba con 9.000 militantes, 25.000 excursillistas y medio millón de simpatizantes. Difícilmente encontraremos quizás un movimiento similar en aquel momento en cuanto a número y creatividad apostólica.

Como resumen, la Hoac se define por la identificación con el Mundo Obrero y su liberación desde Jesucristo y por la Comunión también a nivel socio-económico, como expresión a ese nivel de la Comunión Divina Trinitaria. Para ello, desde Rovirosa fue sistematizando un proceso de formación integral —a nivel material, espiritual y teológico-cristológico—, siguiendo el Método de Encuesta y la Revisión de Vida Obrera (Ver-Juzgar-Actuar). Concibe la propiedad privada como un derecho al servicio de la satisfacción de una vida digna para todos, en el marco prioritario del destino universal de los bienes.

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