martes. 31.01.2023

El papa Francisco, en su esfuerzo por acercar la Iglesia a una sociedad cada vez más secularizada y cambiante, ha diseñado un nuevo método que ha llamado «Sínodo de la Sinodalidad» y que consiste en un camino de reflexión que implica a todos los bautizados: obispos, sacerdotes y laicos y les compromete a participar de forma más activa en la vida de la Iglesia. Pero, qué es un sínodo? El Sínodo es un organismo consultivo creado por Pablo VI en el marco del Concilio Vaticano II, para pedir a obispos de todo el mundo que participen en el gobierno de la Iglesia, aconsejando al Papa sobre asuntos de interés universal. Por su parte, la Sinodalidad es un proceso de reflexión que involucra a millones de bautizados  (sacerdotes, religiosos, laicos, hombres, mujeres, jóvenes, adultos…) para mejorar la participación de todos los creyentes en la misión que tiene la Iglesia de llevar el Evangelio al mundo de hoy. La convocatoria del Sínodo sobre la Sinodalidad se ha convertido en el proceso consultivo más extenso que jamás haya tenido la Iglesia.

El Sínodo de la Sinodalidad se inauguró en el Vaticano el 9 de octubre de 2021. Luego, durante varios meses, se desarrolló una fase diocesana de consulta a las iglesias locales, y un año después, en octubre de 2022, se abrió la fase continental, para que las Conferencias Episcopales de todo el mundo profundicen en las conclusiones de las Iglesias locales. Esta fase durará hasta octubre de 2023. El itinerario sinodal supone una fase diocesana: octubre 2021-agosto 2022, ya realizada; una fase continental: de octubre de 2022 a marzo de 2023, en proceso de realización; y una fase de la Iglesia universal, que se realizará en octubre de 2023 y octubre 2024.

En la fase diocesana, las Iglesias particulares y otros grupos eclesiales reflexionaron a partir del Documento Preparatorio, enviado por Roma para consultar la opinión del total de los creyentes. Al finalizar esta etapa, cada diócesis envió sus conclusiones a su Conferencia Episcopal. Por su parte, cada conferencia episcopal redactó una síntesis para enviar a Roma. Roma recibió también las aportaciones del resto de organismos e instituciones a los que había enviado el Documento Preparatorio y con todas las contribuciones redactó el Documento para la Etapa Continental.

Tres meses después de la apertura del proceso sinodal, la Secretaría General del Sínodo expresaba su «gran satisfacción» por el progreso del Sínodo a nivel local. También afirmaba que el Sínodo ha sido acogido «con alegría y entusiasmo» en países de África, América Latina y Asia.

Por otra parte, el documento redactado cita como dificultades  «el miedo y la reticencia que se dan entre algunos grupos de fieles y entre el clero» y  «cierta desconfianza entre los laicos, que dudan que su contribución sea realmente tenida en cuenta». Otras complicaciones añadidas son la pandemia, que limitó las reuniones presenciales; la necesidad de formación, para que el Sínodo «no se reduzca a un debate parlamentario»; la necesidad de encontrar formas para mejorar la participación de los jóvenes; la implicación de personas que viven al margen de las instituciones eclesiales. Como conclusión, «la novedad del proceso sinodal» está suscitando «mucha alegría y dinamismo», pero también «una serie de incertidumbres  que deben ser abordadas», reconocen desde la Secretaría General.

La segunda fase del Sínodo de la Sinodalidad terminará en marzo de 2023. El objetivo es que la Iglesia, a nivel continental o regional, dialogue sobre las aportaciones realizadas por las Iglesias particulares. Sigue siendo un tiempo de escucha y de discernimiento de todo el pueblo de Dios para reflexionar sobre el tema principal del Sínodo: «Cómo caminamos juntos hoy».

Cuando le preguntaron al secretario general del Sínodo, el cardenal Grech, ¿cómo iban a funcionar estas asambleas continentales?, respondió que eso dependía de cada asamblea, pues son estas las que deciden donde se reunirán y quienes participarán. Y añadió que los organizadores europeos «ya han decidido celebrar la asamblea continental en Praga, en febrero de 2023».

La fase continental debe basarse en el documento de trabajo redactado a partir de las conclusiones de la fase diocesana, que establece que  «es necesaria una reforma permanente de la Iglesia, de sus estructuras y de su estilo». No toma una postura definitiva sobre los asuntos más polémicos que han aparecido en la fase diocesana, como el papel de la mujer en la Iglesia, el acceso a la comunión de divorciados vueltos a casar, las reformas en los ministerios o las bendiciones a parejas homosexuales. La fase continental terminará con un documento final por cada región, que remitirán a Roma. Con todo este material, la Secretaría General Permanente del Sínodo redactará un informe (el Instrumentum laboris), que será enviado a los padres sinodales para la primera sesión de la Asamblea episcopal, en octubre de 2023. Esta asamblea, una vez estudiado el informe, redactará el documento final que presentarán al papa Francisco.

Este es el largo recorrido que tiene que hacer la sinodalidad para hacer llegar al papa Francisco lo que piensan las bases de la Iglesia.

La iglesia en sinodalidad (II)
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