domingo. 05.02.2023
ANTE LA LEY. La Ley de Igualdad que arrastra hacia delante el Gobierno, con dolores de parto que, previsiblemente, se agudizarán una vez nacida la criatura. La intención es aprobar la normativa el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, bonita simbología. Si hasta ahora ha sido engorroso pergeñar una normativa que ni satisfaga ni irrite en exceso a las partes, habrá que ver qué nos depara la puesta en práctica de una norma tan bienintencionada como difícil de llevar a las conciencias de las cuentas de resultados. Una circunstancia que, por cierto, no debe de-saminar a los legisladores. Ningún logro social ha sido fácil. Todos y cada uno de ellos han colocado a la productividad y la viabilidad económica de los negocios al borde del abismo, aunque siempre la supervivencia, y pasado un tiempo prudencial la normalidad, han sido el resultado. Habría que ver dónde pusieron el grito aquellos empresarios a los que se planteó por primera vez el derecho a tener un mes de vacaciones pagado. Y es cierto, el mundo laboral se para en agosto... pero sólo lo justo para retomar tono en septiembre. Claro que la nueva reforma laboral cuenta con un condicionante que hace especialmente recelosas a las partes afectadas. Se trata de una norma que, de hecho, lo que intenta es imponer por la fuerza las circunstancias de igualdad que garantiza en teoría el sistema constitucional. Se trata, en realidad, de un ajuste de cuentas con la tradición que discrimina a la mujer por encima de normas, derechos y capacidades. Personalmente no creo que las cuotas sean una solución, por ejemplo. Pero también tengo claro que empeños como el del Gobierno pueden acelerar un proceso de justicia que se ha venido imponiendo en los últimos años de manera demasiado lenta.

Iguales...
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