sábado. 28.01.2023

Cuenta el Reino Unido con un patrimonio histórico magnífico. Por la mente de cualquiera desfilan el castillo de Windsor, Stonehenge, las fortalezas asociadas a los tiempos del mítico rey Arturo y la Tabla Redonda allá por las tierras de Gales, o los restos romanos del llamado Muro de Adriano, separando la civilización de los bárbaros norteños antepasados de los escoceses casi hace dos milenios. Al pie de esa muralla existen decenas de lápidas que recuerdan la presencia de legionarios, muchos de los cuales eran de origen cántabro o astur. Podríamos afirmar que, en cierto modo, ellos fueron los primeros emigrantes leoneses, que escaparon a la caza de un futuro mejor enrolándose en la máquina de guerra más perfecta de la Antigüedad: el ejército romano.

Este arcaico nexo de unión entre nuestros países nos permite una reflexión de mayor calado: la forma en la que se protege y muestra el patrimonio allí y acá. Recuerdo una visita con alumnos universitarios de Castilla y León por la ciudad. Preguntaban por qué no se podía visitar la cripta que alberga los restos del Anfiteatro de la Legión VII Gémina, o qué razón impedía visitar la de Puerta Obispo, pues ambos puntos serían de máximo interés para cualquier turista. La respuesta fue clara: preguntádselo al ayuntamiento y a los de Patrimonio. Reflexionamos después sobre los cientos de iglesias, yacimientos arqueológicos, monumentos varios y fortalezas que no tienen quien los muestre. También sobre la diferencia entre nosotros y una Francia que es capaz de trastocar tu ruta hasta llevarte hasta un piedrolo de dudosa clasificación. Aquí, en cambio, se nos cae Sarracín, se va a tomar vientos Castrocalbón, el monasterio de Nogales ni te cuento, y un etcétera tan amplio que causa sonrojo hasta teclearlo.

Los ingleses han resuelto esto a su british manera: mediante el Voluntariado de Patrimonio al servicio de la English Heritage, una institución pública que se encarga de su custodia y puesta al servicio de los ciudadanos. Allí, un jubilado o un joven universitario pueden convertirse en la persona que, a cambio de unas horas mensuales, o un mínimo de 60 anuales, dedican parte de su tiempo al servicio de la comunidad y reciben satisfacción personal y ciertos beneficios públicos, como entrada gratuita a todas las propiedades vinculadas a Patrimonio o un certificado que sirve para el rapaz que un día quiera dedicarse a la enseñanza o la función pública. Imaginen, por poner un ejemplo, el bien que haría contar con nuestros mayores enseñando la cripta de Cascalerías y explicando el pasado romano de León a través de ese anfiteatro. ¿La contrapartida? Seguro que muchos turistas satisfechos, jubilados que se sienten útiles, jóvenes incentivados y más dinerines para los leoneses. Entretanto, Inglaterra, 1-España, 0.

Inglaterra, 1 España, 0
Comentarios