martes. 29.11.2022
CUANDO se desploman las bolsas hacen un ruido espantoso, como si el fantasma de la crisis, abandonando sus sigilosas maneras, se dedicara a tirar cohetes. Antes de perder dinero, los mercados bursátiles pierden los nervios. La nueva inyección del BCE y la Reserva Federal, de 100.000 millones de dólares, idéntica a la cantidad anterior, no ha podido contener el derrumbamiento. ¿Por qué las caídas de la Bolsa afectan también a quienes no jugamos a la Bolsa? Nos dejó dicho Quevedo que y es que en su época no existían las entidades bancarias tal como las entendemos, ni nadie hablaba del Ibex-35. Faltaban todavía tres siglos para que Bertolt Brecht escribiera eso de que «sólo hay algo peor que atracar un banco: fundar un banco». Uno de ellos, el hipotecario HomeBanc se ha declarado en suspensión de pagos. Para la mayoría de la gente este tinglado de las altas finanzas, que son las que se pegan batacazos mayores, constituye un mundo estrecho y ajeno. (Si escribo de él es para ver si logro entenderlo y sobre todo por su repercusión en la vida cotidiana). Los analistas advierten de que si los bancos españoles sufren pérdidas por falta de liquidez a nosotros puede llegarnos el agua al cuello. Otros expertos, como el economista jefe del banco de inversión Schroeders, Keith Wade, que debe de ser un personaje, le echa la culpa de la situación a que los bancos no se prestan dinero entre sí. Cualquiera sabe. Si los que han pasado la vida estudiando economía y han alcanzado un justo prestigio fueran tan sabios, serían ellos los ricos y no aquellos que les piden consejos. Menos mal que en España nos hemos librado de las hipotecas basura.

La caída
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