sábado 21/5/22

La palabra confianza expresa un estado de conciencia que viene como fruto de la fe. Fe en lo que somos. Fe en quien somos. Experiencia de filiación. Esta experiencia de filiación tiene dos vertientes:

Sentimiento de unidad con la ¡fuente creadora! «Yo Soy», y, como consecuencia, vivencia de ser inmensamente amado.

Sentimiento de unidad con los padres biológicos y vivencia de ser acogido, amado, protegido y la conciencia de pertenencia al alma familiar.

La unidad de estas dos vertientes genera el sentimiento de no peligro, de confianza. A menudo, usamos la expresión: «Tienes mi confianza» queriendo decir que me fío de ti. Las personas que percibimos como dignas de nuestra confianza, son aquellas, que, generalmente, tienen coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Entonces son confiables. Si profundizamos, podemos ver que la confianza está en mí y yo la proyecto en quien resuena. Aquella persona que expresa su malestar porque le retiraron la confianza, es que todavía la espera de fuera.

El que no siente en sí la confianza, es difícil que la que espera de fuera sostenga sus líneas de caminar por largo tiempo. Hay un procedimiento de valor incalculable, que consiste en mirar al ser del otro, desde el sentir, la confianza en mí. También es interesante observar como quien no la experimenta en su interior, tiene dificultades para verla en otro. Si yo no vivo la confianza, normal que me cueste reconocerla.

La confianza podemos vivirla como un estado de seguridad, de estar en el lugar adecuado, en el momento preciso. El vivir las circunstancias como un regalo también es fruto de la confianza. La confianza me coloca en un mundo extenso, en un orden eterno, donde todo tiene su lugar y yo formo parte de ese orden y soy invitado a poner mi nota en esa gran melodía cósmica.

Igualmente me muestra que todo está en movimiento. Que no hay pasado. No hay futuro. Sólo el eterno presente, que «Yo soy».

Mi gratitud por vivir la confianza.

La confianza
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