miércoles. 08.02.2023

La estupidez humana está alcanznado cotas que merecen un estudio. Un ejemplo palmario de ello es lo del friki que está recorriendo el mundo en bicicleta, sin que nada ni nadie le vayan a hacer entrar en razón, ni desviarle de su objetivo final que, seguramente, se plasmará en un libro que le reportará minutos de gloria en platós televisivos. No importarán los sacrificios que hayan tenido que hacer por él, ni con cuántos cadáveres se habrá alfombrado su camino para alcanzar su meta.

Pero no es el único ejemplo de la estupidez humana, y lamentablemente en los últimos días, parecen ser mayoría. Abundan por Oriente Medio. Se manifiestan de la peor manera en la India, enmascarando una violación múltiple en una sentencia de un club de pirados. Por haberlos, los hay —como las meigas— hasta en la civilizada Suiza, en forma de intolerante madre que prefiere pasar a cuchillo a su hijo a que le traten de su enfermedad.

Y si por ahí fuera andamos de esta guisa, cómo íbamos a estar vacunados contra la estupidez en casa.

Por acá, el personal femenino anda atemorizado por las andanzas de un trastornado mientras que niñatos recién ‘destetaos’ se dedican a quemar contenedores pensando que en la lucha de clases, su frustración la debe pagar el mobiliario urbano y la cuenta corriente de sus progenitores.

Por no hablar de alguno de nuestros políticos, que después de lo que ha llovido todavía siguen sin enterarse de que a los ciudadanos lo que les preocupa es su futuro.

Es de suponer que estas muestras de estupidez humana no se expondrán estos días en el zoco en el que se ha convertido Fitur. Estarán convenientemente escondidas bajo las alfombras y nos volveremos a quedar con estampas idílicas del Taj Mahal en vez de las mujeres violadas o de las playas de las Seychelles en vez de preocuparnos por sus aguas infestadas de piratas.

Con estas elites nos codearemos, intentando atraer unas migajas del pastel, si es que los visitantes dan por alejar sus ojos del stand de Gandía y sus recauchutadas azafatas, con nuestros enganches de Las Médulas y el Mundial. Esperemos que, igual que en el resto de stands, la alfombra dé para tapar al peor de nuestros muertos, y que no es otro que el futuro incierto que se nos presenta.

La estupidez humana
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