miércoles 22/9/21

La novela del poder

El concepto de relato político, denominado coloquialmente como el relato, es una estrategia de comunicación política que podemos considerar como la novela del poder, ya que en su carga de ficción nada tiene que envidiar al género novelesco tradicional. En el relato lo importante no son los hechos reales, es la narración ficticia que se fabrica inmediatamente alrededor de cualquier suceso que podamos englobar dentro del concepto de hechos políticos. Lo importante no es el qué, es el cómo se vende, lo que importa es la percepción o regusto general que queda en la conciencia ciudadana, aunque sea falso.

Vamos a analizar aquí el relato como una estrategia de persuasión política que va más allá de la simple narración de hechos.

Actualmente se intenta que el relato político sea confundido fácilmente con el periodismo, de eso se trata, pero no son equiparables. En el periodismo lo esencial es la verdad, narrar unos hechos como ocurrieron, pero el propósito del relato no es contar la verdad, si no simularla, ocultarla o modelarla. Es suficiente con incluir algunos hechos verdaderos y datos más o menos creíbles para poder llegar a una conclusión previamente diseñada por los asesores del poder y difundirla con entusiasmo por el poder político en busca únicamente de su propio beneficio cortoplacista.

La veracidad de lo que se cuenta ha sido sustituida en el relato político por la verosimilitud, el razonamiento deja paso a la emotividad y la complejidad a la simplificación

La veracidad de lo que se cuenta ha sido sustituida en el relato político por la verosimilitud, el razonamiento deja paso a la emotividad y la complejidad a la simplificación. Así se construye un relato aparentemente sólido que cala en una parte de una ciudadanía entregada que lo acepta con escasa crítica alcanzando así la apoteosis de la posverdad. Podemos catalogar eufemísticamente esta práctica como hechos alternativos, idea que sugiere la manipulación o reformulación de los hechos para conseguir el resultado deseado y ya tenemos el quilombo completo. El grado de calidad moral de esta práctica depende del grado de respeto a la verdad que suele ser muy escaso. Los populismos que actualmente pululan por el mundo fabrican su relato, tan primario y tan tosco, exclusivamente con mentiras.

Una de las características de la narración tradicional es que evoca recuerdos, aviva emociones y crea sensaciones de una forma consciente e inconsciente. La narración atrae la atención de la audiencia, facilitando así la pedagogía de cuestiones complejas. Pero una cosa es narración y otra es manipulación.

Desde los pensadores clásicos ya sabemos que las palabras pueden ser más conmovedoras que los hechos, por eso los gobiernos sostienen medios de comunicación públicos, contratan consultores en estrategia política y terminan creando los enfoques que se acomodan a su relato político en lugar de informar sobre la verdad de los hechos. Históricamente la comunicación siempre ha estado vinculada con el poder político, ya que fabricar un relato les mantiene y perpetua en sus privilegios, la difusión del relato prefabricado no es una cosa baladí ni mucho menos inocente o bienintencionada.

Podemos intentar explicar los componentes de un buen relato político para poder distinguir de qué va este relato novelesco del poder.

En primer lugar, la lógica del amigo-enemigo, el fomento del enfrentamiento entre la gente buena que comulga con las estrategias y decisiones del gobierno de turno y que quieren construir país y los malos que trabajan todo el día en el cuanto peor mejor.

En segundo lugar, la importancia de los principios, un relato político no se basa en temas o datos concretos, si no en unos valores generales indiscutibles donde los detalles inoportunos y que desmontarían el relato con facilidad cuentan poco.

En tercer lugar, el culto al líder, el relato martillea sobre el estilo personal de los gobernantes; vestimenta, frases, paternalismo, momentos emotivos que crean una empatía e historia compartida con el líder. La visión del líder debe inspirar, estimular a los ciudadanos y fijar un rumbo, fortalecer el grupo, generar expectativas de logros y configurar una identidad colectiva persiguiendo un mismo objetivo. El líder sería únicamente la cara visible de los asesores políticos de fabricación de relatos. Caminamos hacia el liderazgo del cuentacuentos sin autonomía, sin ideas y sin criterio propio, menos mal que siempre nos quedará el recuerdo de Angela Merkel.

Los relatos políticos usan un lenguaje de tipo visionario, que permite a los ciudadanos ver cómo cambiaría su vida y la sociedad si un determinado partido político alcanza el poder, es un discurso de tipo épico y colectivo. El desafío colectivo, la promesa del cambio, la postura reivindicativa son tramas discursivas típicas del relato político.

Y, por último, el uso de la consigna, de fuerte componente emocional que transmite conceptos complejos de un modo simplificado y que permite desactivar la racionalidad y, especialmente, los razonamientos críticos.

Es importante no olvidar las funciones psicológicas del relato como son proporcionar a los ciudadanos la seguridad de integrarse en un colectivo social, la sensación de obtener beneficios por su pertenencia, proveer certidumbres que disminuyan la ansiedad de la vida actual y fomentar los discursos de polarización social que mantienen la tensión necesaria para que las urnas se llenen una y otra vez de votos.

En la situación actual de manipulación constante y dominante resulta muy difícil la comunicación política transparente y objetiva. La práctica habitual es la creación de relatos modelados para el sectarismo, el fanatismo y los prejuicios, muy alejados y olvidados de los problemas reales y cotidianos de la ciudadanía. Los asesores políticos también están muy atentos a la emergencia del contrarrelato, el relato político alternativo o mentira alternativa, de las fuerzas políticas opositoras. Si el contrarrelato gana terreno será el final de una etapa política y el nacimiento de otra colección de relatos sin cuento, perdón, con cuento.

Hoy en día se destinan muchos esfuerzos y recursos a que las lindes entre la verdad, la opinión y la mentira cada vez sean más difusos e incomprensibles para la ciudadanía y lo que debería preocuparnos es que el poder actual construye impúdicamente su relato político progresivamente sobre ingentes cantidades de mentiras y una obscena banalización.

Desgraciadamente el relato político es la llave actual del poder, el partido y el líder político que coloca mejor su novela política, su relato, su cuento, gana.

La novela del poder
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