miércoles. 01.02.2023
LO QUISO así el destino, como un símbolo, como un aviso: la primera gran noticia del año 2.004 ha sido el asesinato de una mujer. Fue en Mallorca, en un drama terrible: a manos de su antiguo compañero sentimental y con los hijos delante, a los que hirió gravemente. No hubo que esperar ni un día para asistir al primer crimen de la violencia doméstica, esa otra forma de terrorismo que causa más muertes y sufrimiento que las bandas organizadas. La violencia ejercida contra la mujer dentro del hogar no figura todavía en el ránking de problemas que enumeramos los españoles en las consultas del CIS. Dista mucho de ser una inquietud comparable al paro, las acciones de ETA o el precio de la vivienda. Sin embargo, ningún otro fenómeno de violencia social causa tantas víctimas mortales. Ningún otro provoca tantas situaciones de pánico. Ningún otro mantiene atemorizadas a tantas mujeres, que sufren en silencio agresiones físicas, torturas morales y han hecho del miedo su compañero más habitual. Miedo, incluso, a confesar o denunciar la situación en que viven. Desde lo visto en Mallorca, se puede decir que ninguna de las amenazadas se encuentra segura en ningún lugar. Pilar Crevillente estaba tranquila en su casa, rodeada de sus hijos. Pero ninguno pudo hacer nada ante el hombre enfurecido que empuñaba una escopeta de caza, dispuesto a disparar. Resulta increíble que, después de las reformas legales efectuadas, después del clima de rechazo y condena social creado, después de tantas campañas públicas y privadas, la violencia contra la mujer no sólo no ha descendido, sino que aumenta. ¿Estamos ante un fracaso colectivo? No tengo la menor duda. Si es verdad que siempre hubo ese tipo de homicidios, también lo es eso que dice la estadística: que cada año se producen más. La espiral de crecimiento hace sospechar, incluso, que estamos ante un fenómeno de contagio, donde la difusión masiva de las muertes y los malos tratos produce un efecto contrario al buscado: estimula al criminal potencial más indeciso. Habría que estudiarlo desde la psicología y la sociología. El drama de Mallorca se hace más triste al saber que sobre el homicida pesaba una orden de alejamiento. Es decir que, si hay voluntad de matar, ese tipo de órdenes no impiden nada. Las fuerzas políticas están obligadas a aportar lo que puedan para evitar tanto crimen desde la ley y desde la prevención. La campaña electoral que viene será una buena oportunidad para hacerlo. Y además, urgente. Bastante más urgente que algunos discursos que estamos empezando a escuchar.

La primera noticia del año
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