miércoles. 01.02.2023

El protagonismo de las oenegés y las organizaciones sociales crece en la misma medida que la presión que la crisis ejerce sobre los ciudadanos, cada día en mayor número al borde de la extenuación. También lo hacen la disposición de los ciudadanos para ayudar a quienes más lo necesitan, en este caso precisamente en sentido inverso al que marcan los recortes de las ayudas de las administraciones para el desarrollo de esta labor social.

Al margen de las que se mueven en espacios sociales más amplios, como Cáritas o Cruz Roja, hay otras que realizan labores más segmentadas sobre perfiles sociales muy definidos. Son los casos de Proyecto Hombre, Alle, Alfaem, Alcles, casos de acogida, etcétera. Superado el impacto que sobre todo el año pasado supuso la práctica desaparición de ayudas, han recurrido a la voluntad, la ilusión y la imaginación para evitar que esa falta de medios se traduzca en un recorte de la asistencia. Lo han hecho sobre todo reduciendo gastos —cambios de sede, limitación horaria, eliminación de publicaciones...— y buscando ingresos en pequeñas cuotas por asistencia a cursos o la organización de talleres que les permitan conseguir financiación.

En definitiva, reinventándose y aprendiendo cuando menos a subsistir sin subvenciones en lo que sin duda debería constituir un ejemplo para la clase política, tan ajena a la realidad de la calle. Frente a su tibieza e inacción, la tenacidad y solidaridad ciudadana azotan cada día sus pobres vergüenzas.

Labor social: tenacidad y mucha imaginación
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