viernes. 02.12.2022

La crisis sanitaria provocada por la Covid-19 impidió la puesta en escena de Las Cabezadas, ceremonia secular que estaba prevista, como ya es tradición, para el último domingo de abril, que este año, —día 26—, por mor del calendario, coincidía con la festividad litúrgica de San Isidoro. Ante esta contingencia, su celebración se ha fijado para el próximo domingo, día 19 de julio.

Como es de dominio popular, la Real Colegiata Basílica del Doctor de las Españas es escenario de dicho ritual que está tan entrañado en el alma popular que «la ciudad de León —son palabras de Justiniano Rodríguez— ha cumplido religiosamente este voto, incluso en días de contrariedad política, haciéndolo siempre en la Basílica del Santo».

Recordemos al caso que el cirio de arroba bien cumplida y las dos hachas de cera que el Ayuntamiento ofrenda al Santo hispalense representan para la municipalidad una oferta libre y voluntaria, mientras que para el cabildo isidoriano no es ni más ni menos que una obligación a la que está sometido el municipio leonés desde hace ahora ochocientos sesenta y dos años.

La causa de esta controversia se remonta a 1158, mitad del siglo XII. Asolado el agro leonés por una pertinaz sequía, nuestros antepasados volvieron los ojos al Santo Doctor y sacaron en rogativa el arca que preservaba sus restos. El cortejo procesional llegó «casi dos millas fuera de la ciudad», exactamente a Trobajo del Camino, donde los presbíteros portadores hicieron un descanso. Y allí, la lluvia benefactora hizo acto de presencia con tanta abundancia que ni los más fornidos mozos fueron capaces de levantar las andas de las sagradas reliquias cuando quisieron reanudar la andadura, atolladas como estaban en el suelo.

Tomado como prodigio por unos y como comedia de clérigos por otros, el hecho llegó a oídos de Doña Sancha, hermana del emperador Alfonso VII. Lucas de Tuy, el Tudense, en Los Milagros de San Isidoro, [cap. XLI], dice al caso que «así como la reina [es decir, la citada Doña Sancha, tía del monarca leonés Fernando II, entonces reinante], con sus manos tocó las andas en que estaba el santo cuerpo, luego se movió aquel lugar, y todos tuvieron tan temor y se espantaron de verlo, y por la voluntad e inspiración de nuestro Señor se llegaron luego allí cuatro niños chiquitos y levantaron las andas, las cuales cuatro hombres muy valientes, apenas podían levantar…». Y más adelante añade: «En aquel lugar adonde así el cuerpo santo se había hecho inmoble hicieron los pueblos una devota ermita en honor del glorioso confesor que llaman San Isidoro del Monte, donde muchas veces suelen ir las gentes en sus necesidades a pedir la misericordia divina por los méritos e intercesión de San Isidoro, y consiguen efecto de sus peticiones». Hasta aquí, pues, a grandes rasgos, el origen de esta noble tradición del «Foro u Oferta», de este ceremonial revestido de rangos protocolarios,

Las Políticas Ceremonias del Marqués de Fuente Oyuelo, obra de 1693, en el capítulo XXII habla con detalle de esta fiesta de San Isidoro, «Patrono de este nobilísimo Reino», previamente concordada por las legacías municipal y canonical, que se visitan unos días antes al domingo en que se celebra el acto, aunque en esta edición los dos encuentros de dichas legaciones han sido suspendidos dadas las circunstancias imperantes.

Tras la última «cabezada», entre el regocijo popular, el Corregimiento regresa a las Casas Consistoriales, dicho a la vieja usanza. Y el Cabildo Isidoriano retorna a sus rezos

Así, muy cerca del mediodía de esa dominica, la Corporación Municipal acude a la Basílica de San Isidoro, precedida por el clarín y el tambor, «en forma de ciudad». Lleva un cirio de arroba donde destacan la imagen de San Isidoro y el escudo de la Ciudad, y dos hachas de cera. Otras dos hachas, como limosna, de conformidad con el protocolo secular, entrega antes al párroco de San Marcelo, que aguarda ante la puerta sur del templo del Santo Centurión.

En la plaza, que abarrota el público, la Corporación se detiene. Sale luego el Cabildo Isidoriano, arropado por los miembros de la Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro, fundada en 1147 por el antedicho Alfonso VII.

Requerido por los emisarios municipales, que van en su busca, el abad, que espera en el atrio, acude al encuentro del Corregidor. Se cambian e intercambian los saludos de rigor. Después, del brazo ambas autoridades, e interpolándose al mismo tiempo canónigos y ediles, se encaminan hacia la Basílica.

Antes de la Eucaristía, se lleva a cabo la ceremonia del «Foro u Oferta». Como he dicho antes, el síndico municipal, en sus tres intervenciones, ensalza y destaca la voluntariedad de la ofrenda. El capitular, sin embargo, en otras tantas intervenciones, proclama que es voto u obligación, se mire como se mire. Desde luego, no hay acuerdo. Los respectivos secretarios levantan las actas correspondientes. Y hasta el año siguiente.

Una vez finalizado el oficio religioso, concejales y canónigos se despiden. Para entonces, el público ha ocupado ya las afueras del templo. Y comienzan Las Cabezadas, propiamente dichas. Las tres inclinaciones pertinentes se realizan una vez que el Corregidor golpea el suelo con el bastón y la Corporación municipal se vuelve hacia el templo isidoriano, donde el Cabildo Isidoriano responde con idéntica postura.

Tres rayas blancas pintadas en el pavimento de la plaza señalan el ritual de estos cumplidos de cortesía. Tras la última «cabezada», entre el regocijo popular, el Corregimiento regresa a las Casas Consistoriales, dicho a la vieja usanza. Y el Cabildo Isidoriano retorna a sus rezos.

Como he dicho al principio, la Covid-19 impidió en el mes de abril el desarrollo de este ceremonial secular.

Ante esta contingencia, su celebración ha sido fijada para el próximo domingo, día 19 de julio.

Las Cabezadas 2020
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